Inicios III

Iniciar una historia a partir del artilugio utilizado en el oficio de escribir es, además de original, sugerente.

Hay también mucha ansiedad contenida en estas frases, un buen anticipo de lo que nos espera al leer esta historia apasionante.

Juntos, en este primer párrafo hay un cristal -el de un escaparate- y verbos que sugieren su quiebre, imagen que anticipa los fuertes cambios que le aguardan a la protagonista en el futuro inmediato.

El tiempo entre costuras de María Dueñas:

Una máquina de escribir reventó mi destino. Fue una Hispano Olivetti y de ella me separó durante semanas el cristal de un escaparate. Visto desde hoy, desde el parapeto de los años transcurridos, cuesta creer que un simple objeto mecánico pudiera tener el potencial suficiente como para quebrar el rumbo de una vida y dinamitar en cuatro días todos los planes trazados para sostenerla”.

La máscara del verdugo de Irene de Santos

“Aún no se habían secado los charcos dejados por la lluvia de la noche anterior. Como espejos irregulares, diseminados al azar, reflejaban en el suelo la vida de las alturas. La imagen de un ave alimentando a sus pichones en un nido tejido sobre la acera era bastante curiosa, como si el mundo hubiera amanecido de cabeza. Y es que, en ocasiones, parece que el mundo está al revés”.

Con muchísimo respeto y guardando las distancias, voy a cometer la osadía de finalizar esta breve serie sobre inicios de novelas con el primer párrafo de una que es muy especial para mí, “La máscara del verdugo”, novela de mi autoría, donde me dejé la piel, en una etapa bastante convulsa en mi paso por este nuestro mundo.

Todo empezó cuando escuché a un orate en un discurso delirante prometer la aprobación de la Ley de eutanasia en mi país, intentando venderla como “una deuda pendiente con el pueblo”, lo cual equivaldría a intentar convencer a un invidente de que necesita un espejo, toda una farsa, y es que en los regímenes totalitarios disfrazados de democracia desde el poder intentan convencerte de que eres feliz, mientras te rebanan la vida y te destrozan la cotidianidad y, al mismo tiempo, te regalan chucherías para convencerte de que se preocupan por ti y trabajan en pro de tu bienestar.

Elegí esta ley porque sentí pánico cuando escuché la proclama, pero, en realidad, bien hubiera podido desarrollar la trama con base en la Ley electoral, la de telecomunicaciones, la que regula la propiedad y tenencia de la tierra, la de desarme o la que rige la actuación de las ONG: la Ley dice A y usted aplica B, y para lograrlo pone al indicado tras la tramoya y le engrasa las manos convenientemente con billetes verdes.

Con el paso de los años se empiezan a ver los patrones de actuación, reconoces la metodología a distancia. Por eso concebí esta distopía, para alertar a quien quiera leer “La máscara del verdugo” de lo que les espera a mis pares cuando aprueben la Ley de eutanasia en Venezuela –a principios de 2021 anunciaron que lo van a hacer con la trillada frase de “es una deuda pendiente con el pueblo”- y comunicarles a los dictadores que no somos tontos y que nos damos cuenta de sus intenciones, aunque a ellos no les importe demasiado.

Termina la semana, termina mi serie sobre principios de novelas, espero que la hayan disfrutado tanto como lo hice yo al escribirla. Solo me queda desearles un feliz fin de semana, que disfruten del descanso reparador y el amor de quienes los rodean. Sean felices y que Dios –inserte aquí el suyo- los bendiga.

6 Comments

  1. Si bien es cierto que un libro es mucho más que la introducción, no hay duda que hay comienzos que atrapan al lector y le llevan por la senda imaginativa que ha preparado el autor. Excelente esta serie de posts de “Inicios”. Por cierto, no sabía que habías escrito un libro. Queda apuntado en mi “bandeja de entrada” de lecturas. Un abrazo.

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    1. Entonces he fallado en mi terea publicitaria. Me explico, en este blog hay una sección titulada Reseña de producto, dedicada únicamente a mi novela, La máscara del verdugo. en ella verás todo lo que se me ha ocurrido para promocionarla.

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      1. Si, la he visto y he entrado en el enlace. El fallo no es tuyo en absoluto. Tal vez sea mío en la medida en que no puedo dedicar el tiempo que me gustaría a leeros. Pero ahora estoy de vacaciones y eso me permite dedicaros el tiempo que sin duda os merecéis.

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