Curiosidad

La curiosidad es como una chispa divina que enciende el espíritu, que alborota el deseo de aventuras, es la necesidad de saber lo que está a nuestro alcance, pero sobre todo lo que no lo está, es sinónimo de alegría, por el placer y la satisfacción que produce aprender algo o superar un “challenge”.

Es el motor del corazón, el más sublime de los instintos, el que nos hace tercos y tenaces, el que nos empuja más allá de nuestras posibilidades iniciales y nos impide desistir hasta lograr el éxito. Nos hace ser mejores personas.

Es la necesidad de meternos donde no nos han llamado y traspasar límites, cruzar líneas amarillas con o sin segundas intenciones; el ansia de saber es irrefrenable.

Es lo que nos clava a un punto por horas y nos obliga a entregarnos a la contemplación o el análisis para llegar a una conclusión sin la cual sentimos que no podremos seguir viviendo…hasta cinco minutos después de obtenerla, cuando partimos nuevamente en pos de satisfacer una curiosidad nueva.

Es la madre de todas las Ciencias y de todas las Humanidades, del desarrollo e inventiva humanos.

Es lo que hay que encender en los niños, la llama que a su vez prenderá todo lo demás, un fuego que los dotará del pensamiento crítico. Es una palanca mucho más fuerte que la de Arquímedes, con ella sí que se puede mover al mundo.

Y ustedes, queridos lectores, ¿son curiosos?

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