La tejedora de recuerdos

Moira era coleccionista, pero no de estampillas, ni tampoco de monedas, ella reunía épocas y vivencias: Moira coleccionaba recuerdos.

Su afición comenzó una tarde, cuando se topó con uno en medio de una conversación. Confundida por el hecho de haber perdido tan entrañable experiencia, se dedicó a reunir todos sus recuerdos. Cuando empezó su misión fue como si activara una máquina; ya no pudo detenerse. Al concentrarse en su pasado estos empezaron a surgir de los lugares más insospechados. Los encontraba adheridos a la lámpara que había comprado con su pareja en una subasta años atrás y que hoy decoraba la entrada de su casa, o bien en algún escalón, cuando notaba los desperfectos en los dibujos de los mosaicos que ella misma había pintado para decorar la escalera nueva. Siguieron apareciendo enredados en las sábanas de su cama, en los gabinetes de la cocina, escondidos en algún zapato viejo, en un bolso que no usaba desde hace tiempo o en la biblioteca, ¡cuántos encontró allí, ocultos entre las páginas de sus libros!

Para no perderlos de nuevo los fue guardando en cajas, pero le parecía triste encerrarlos, pues así nadie los vería y tendrían el mismo destino que antes de recolectarlos o, peor aún, y es que cuando eran libres la visitaban y alegraban su vida por un rato, antes de volver al lugar donde duermen los recuerdos.

Se le ocurrió entonces hacer un hilo con ellos. Puso una rueca en el patio y en su huso los fue ensartando uno a uno con mucho cuidado para no romperlos en el proceso. Los hiló y con ellos urdió una hebra tan larga que abarcaba decenas de días, que se hicieron meses y luego años. Pasó mucho tiempo devanando el hilo y con él formó un ovillo grande, de todos los colores del universo. Por momentos era azul, reflejo de momentos apacibles, luego tornaba al amarillo de alegrías y celebraciones. El verde teñía sus recuerdos de juventud, cuando quería verlo todo, serlo todo y volar como las aves, cuando transitaba la vida llena de esperanza. Las hebras blancas evocaban instantes puros, las negras anclaban sus memorias a aquellos momentos tristes, definitivos e irrefutables que le habían templado el carácter. Las penas no podían faltar en este almacén de vivencias, así son los recuerdos, de todos los tenores.

Al principio acumuló solo sus recuerdos, pero al estar entretejidos en las memorias de otros, terminaron entrelazados a los de ellos y entonces tomó consciencia de sí misma mirándose desde una perspectiva ajena, vio su reflejo en los recuerdos de los demás y se conoció de nuevo. La madeja se hizo grande, enorme y pesada y no paraba de crecer. Manejar un ovillo tan pesado era complicado y los recuerdos que habían quedado en su centro, sepultados por los más recientes, se iban disipando. Decidió tejer una manta con ellos, convertir ese hilo infinito y mágico como el de Ariadna en una guía para transitar el laberinto de su vida sin perderse.

Instaló un telar al lado de la rueca y trabajó sin descanso hasta que el hilo se agotó, más no así su ilusión. La manta era maravillosa, suave y áspera a la vez, delicada y rústica inocente y malvada, todo un compendio de vivencias, una crónica de vida. Necesitaba seguir y entonces fue recogiendo los recuerdos de su entorno. Amplió su radio de acción y como una gota de agua que cae a un lago, las ondas concéntricas de su crónica de recuerdos alcanzaron los recuerdos del mundo entero.

Cansada pero feliz, generosa y con ansias de compartir el bien preservado, intangible y valioso, invitó a quienes la visitaban a cobijarse y dejarse llevar en alas de tiempos remotos, felices y tristes que les permitían disolver la falsa creencia de que todo tiempo pasado fue mejor, porque somos tristezas y alegrías a partes iguales. De ellas estamos hechos.

Embelesada y feliz se arropó en la crónica de su vida y de las vidas de todos, tejida con la urdimbre del recuerdo y se sintió plena. Había culminado su labor de vida, al preservar los hechos de su pasado nadie podría negar que este existió, no podrían torcer el relato de la época que vivió. Se adentró en el mundo onírico de la mano de Orfeo. Con él recorrió los pliegues de sus vivencias, los acarició satisfecha porque había preservado para el mundo los lugares de su infancia como eran antes, inmortalizándolos y estuvo segura entonces de que no lo había soñado, de que ese lugar mágico en verdad existió. Él la urgió a salir, ella no quiso hacerlo. El mundo no tenía nada que ofrecerle, nada que superara ese mundo perfecto.

Día de la madre

Mi saludo y mi abrazo a las dadoras de luz, portadoras de sueños, fabricantes de anhelos, colectoras de estrellas, diosas que obran el milagro de la vida, que se desvelan por ansias que son ajenas o, más bien, prolongación de las suyas, porque las vidas de ellos son la extensión de las nuestras. Como decía el gran Andrés Eloy Blanco en su poema “Los hijos infinitos”:

Cuando se tiene un hijo,
se tiene al hijo de la casa y al de la calle entera,
se tiene al que cabalga en el cuadril de la mendiga
y al del coche que empuja la institutriz inglesa
y al niño gringo que carga la criolla
y al niño blanco que carga la negra
y al niño indio que carga la india
y al niño negro que carga la tierra.
 
Cuando se tiene un hijo, se tienen tantos niños
que la calle se llena
y la plaza y el puente
y el mercado y la iglesia
y es nuestro cualquier niño cuando cruza la calle
y el coche lo atropella
y cuando se asoma al balcón
y cuando se arrima a la alberca;
y cuando un niño grita, no sabemos
si lo nuestro es el grito o es el niño,
y si le sangran y se queja,
por el momento no sabríamos
si el ¡ay! es suyo o si la sangre es nuestra.
 
Cuando se tiene un hijo, es nuestro el niño
que acompaña a la ciega
y las Meninas y la misma enana
y el Príncipe de Francia y su Princesa
y el que tiene San Antonio en los brazos
y el que tiene la Coromoto en las piernas.
Cuando se tiene un hijo, toda risa nos cala,
todo llanto nos crispa, venga de donde venga.
Cuando se tiene un hijo, se tiene el mundo adentro
y el corazón afuera.

Y cuando se tienen dos hijos
se tienen todos los hijos de la tierra,
los millones de hijos con que las tierras lloran,
con que las madres ríen, con que los mundos sueñan,
los que Paul Fort quería con las manos unidas
para que el mundo fuera la canción de una rueda,
los que el Hombre de Estado, que tiene un lindo niño,
quiere con Dios adentro y las tripas afuera,
los que escaparon de Herodes para caer en Hiroshima
entreabiertos los ojos, como los niños de la guerra,
porque basta para que salga toda la luz de un niño
una rendija china o una mirada japonesa.
 
Cuando se tienen dos hijos
se tiene todo el miedo del planeta,
todo el miedo a los hombres luminosos
que quieren asesinar la luz y arriar las velas
y ensangrentar las pelotas de goma
y zambullir en llanto ferrocarriles de cuerda.
Cuando se tienen dos hijos
se tiene la alegría y el ¡ay! del mundo en dos cabezas,
toda la angustia y toda la esperanza,
la luz y el llanto, a ver cuál es el que nos llega,
si el modo de llorar del universo
el modo de alumbrar de las estrellas.

Distopías

La distopía es lo opuesto a la utopía, mientras la última es una representación imaginaria de una sociedad futura ideal que favorece el bien del hombre, la primera comporta una serie de rasgos negativos que desembocan en la alienación humana. Yo añadiría una diferencia más: la utopía nunca existirá más allá de nuestros sueños y deseos. Esa isla imaginaria con un sistema político, social y legal perfectos, descrita por Tomás Moro en 1516 en su novela homónima no se concretará. Su etimología lo reafirma, esta palabra proviene del griego y significa “no lugar”, es decir, hace referencia a un lugar que no existe. Las distopías, por el contrario, sí pueden concretarse, nos acechan agazapadas en las sombras de las consecuencias previsibles del actuar del ser humano.

La película de 1973 “Cuando el destino nos alcance”, ambientada en Nueva York, narra una distopía en la cual la industrialización, la sobrepoblación, la contaminación y el calentamiento global producen el hacinamiento y la insuficiencia de alimentos, a la que sus líderes le dan una solución aberrante. No suena tan descabellado considerando el estrés al que está sometido el planeta y los delirios de dominación de ciertas clases políticas. Por ahora estamos a salvo de esa realidad alterna: en Nueva York no viven 40 millones de personas y su población no alcanzará esa cifra para el año que propone la cinta, 2022, pero las condiciones para que este destino efectivamente nos alcance están presentes.

Los escritores han desarrollado distopías brillantes, una buena argumentación es capaz de convencer al lector de que la historia no solo es cierta, sino que además es inminente y puede saltar del papel a la realidad, pero, ¿es esto posible? Veamos. El escritor libera en el folio en blanco lo que lleva dentro, vuelca en sus historias sus miedos, sospechas, incertidumbres y deseos. Sus experiencias lo definen y la realidad cotidiana invade su mente, se cuela hasta su corazón y desde allí a sus escritos.

Cuando un escritor convive en un contexto definido por los discursos enloquecidos de un tirano tropical resentido y sediento de poder se le activan las alarmas y en su imaginación se empieza a gestar la distopía. Las carencias y el sufrimiento de los habitantes del país más hermoso del mundo -los cuales de por sí configuran una distopía aparte- acrecientan su sensibilidad. La corrupción rampante, la disminución de los ingresos del estado, el colapso del sistema de salud, la escasez de los medicamentos más básicos, como los antibióticos, las soluciones de yodo usadas para desinfectar heridas o los inmunosupresores y las trampas de las compañías aseguradoras que garantizan accesos a sumas astronómicas para atender trastornos de salud que no se materializan en la práctica, crean el escenario de la novela.

Las fuerzas del orden, entregadas a los delirios de sus amos, que atacan con armas largas y gases tóxicos tanto a estudiantes desarmados que protestan en un intento de tener un futuro al que llegar, como a médicos que salen a las calles a defender el derecho de sus pacientes al acceso a la salud define la intensidad de la trama.

La inseguridad jurídica, la ley que no protege al oprimido sino al opresor, donde el acatamiento obligado de cualquier idea febril del tirano se refuerza con sanciones o atropellos ejemplarizantes, una hiperinflación rampante, atípica más no distópica sino muy real, que ha cabalgado indómita por más de un lustro y contando, le dan al escritor el contexto de su novela.

En las distopías cada personaje representa un valor o antivalor, son ángeles del bien o del mal enfrentados, son las herramientas de las que echa mano el escritor para plantear los diferentes elementos que componen un drama hipotético. Dependiendo de cuántas aristas se presenten en estas obras orientadas a la denuncia social, habrá más o menos personajes y en cada una de ellas aparecerá la dualidad del bien y el mal, las dos caras de la moneda introducidas a través de una hipótesis filosófica, el famoso ¿qué pasaría si…?

Es aquí donde cobra mayor importancia el papel del lector, encargado de interpretar el mensaje contado a través de las vivencias de los personajes que participan en la historia. Lo hará desde su experiencia, filtrándolo con el tamiz de su propio bagaje cultural. Así, si no hay conocimiento cultural, la comprensión del mundo que deja el relato no se completa. El escritor puede darle pistas si no le resulta demasiado doloroso, si no teme que al nombrar el escenario que inspiró su novela invoque la materialización de los miedos que lo llevaron a escribir esa obra y no otra. Razón tenía Vargas Llosa cuando dijo que “Un escritor no escoge sus temas, son los temas quienes lo escogen” y también al afirmar: “El por qué escribe un novelista está visceralmente mezclado con el sobre qué escribe: los demonios de su vida son los temas de su obra”.

En su segundo mandato y en medio de una de sus histriónicas presentaciones, el difunto Hugo Chávez expuso que la eutanasia era una deuda pendiente con el pueblo de Venezuela. En ese momento y en medio de tantas crisis –salud, educación, seguridad, economía- el concepto estaba tan fuera de lugar que nadie le prestó demasiada atención, pero su heredero resucitó el tema en algún momento de su primer período, en el año 2015 aproximadamente, y a mi repertorio de temores se sumó uno más, que esta vez si fueran en serio y a por todas. Seis años después están a un paso de lograrlo.

Empecé a investigar sobre la aprobación de la ley de eutanasia en el mundo en busca de una especie de manual de procedimientos, con la idea de estar atenta a las señales que anticiparan el inicio de la introducción de la ley en mi país. Encontré procesos ordenados, iniciativas que partían de sociedades casi utópicas en comparación con la nuestra, donde los controles y la ley son apenas un recuerdo, y al contrastarlas con la realidad venezolana me di cuenta de que ese manual no era aplicable en nuestro caso, pero también me topé con el famoso informe Remmelink, que expone desviaciones tales como el acceso a la eutanasia para menores y adultos sanos con cuadros depresivos. La historia se encargará de evaluar los aciertos y desaciertos en la aplicación de la eutanasia y no acepta presiones, a nosotros nos toca esperar.

La máscara del verdugo, https://www.instagram.com/explore/tags/lam%C3%A1scaradelverdugo/ mi última novela, fue escrita en Venezuela y está empapada de su realidad. En el 2019 metí mi vida en una maleta, la novela en un pendrive y emigré a España, huyendo de la materialización de los peores presagios que amenazaban al país desde principios de siglo. Europa Ediciones creyó en mi proyecto y lo publicó https://www.europabookstore.es/productos/la-mascara-del-verdugo-irene-de-santos/ . Ha sido catalogada en diferentes géneros, como distopía, filosofía, religión, futurista, fantástica y ficción. Esperemos que no sea clasificada en la categoría de drama.

La distopía puede llegar a ser una premonición que el escritor espera que nunca se convierta en realidad. La de Venezuela está tocando las puertas.

“Las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma” Julio Cortázar.

AN de Maduro recibió proyecto de ley de eutanasia para incorporar a la agenda legislativa

https://elpitazo.net/politica/an-de-maduro-recibio-proyecto-de-ley-de-eutanasia-para-incorporar-a-la-agenda-legislativa/

Para más referencias consultar:

https://panampost.com/panam-staff/2017/01/10/oscuro-curriculum-ministra-salud/

https://larazon.net/2016/08/ivss-raciona-medicamentos-y-baja-las-dosis-a-pacientes-cronicos/

Q

Aporreaba furiosamente el teclado de un Nostalgia 3.0 que reunía dos íconos de la década de los ´70: las luces de neón rojas de las discotecas y el sonido mecánico de los modelos del inicio de la era de las máquinas. Intentaba sin éxito que sus dedos fueran tan veloces como su mente mientras recibía, analizaba, clasificaba y reenviaba mensajes codificados o encriptados a los distintos eslabones de la cadena de mando de un ejército invisible dedicado a salvar al mundo. Esa era la orden: toda la información de inteligencia recabada por los grupos de avanzada debía ser transmitida de inmediato a Q, luego él y solo él debía filtrarla, depurarla y hacerla llegar a los mandos altos, medios y bajos de la agrupación que llevaba sobre el peso de sus anonimatos la pesada carga de drenar el pantano. Él era el engranaje central de un intrincado mecanismo informático, en el que la información giraba una y otra vez, sin detenerse jamás.

Se había ganado a pulso el derecho de ocupar el puesto de Jefe de Comunicaciones. Era uno de los primeros integrantes de esta cruzada. Desde el inicio, cuando todavía era un hacker menor y vagaba por los oscuros callejones de la Deep Web, había notado los patrones de ciertos mensajes y los había ido compartiendo con las personas indicadas. Eso le ganó la confianza de sus superiores y lo lanzó a la cúspide de la inteligencia del ejército de los sin rostro.

Cada mensaje enviado rebotaba como una liebre en incontables servidores a lo ancho del globo, evadiendo bots, virus y troyanos, en esta guerra global donde las ideologías habían sido suplantadas por el delirio del control absoluto y los contrincantes, lejos de estar constreñidos por cortinas de hierro, ejercían su libre albedrío dispersos por todo el planeta.

A su lado cuatro teléfonos, identificados por colores, servían de vehículo para las alertas de mensajes entrantes: el dorado era para los altos mandos, el azul para los medios, el verde para los reclutas inexpertos que aún albergaban esperanza en sus corazones y el negro para él mismo. No se conocían personalmente, sus cuentas no tenían el avatar acostumbrado, solo ofrecían la silueta prediseñada donde el usuario puede colocar una foto. Nunca se habían visto.

Había tenido una mañana muy agitada, los 4 teléfonos habían empezado a saltar sobre su mesa una y otra vez y en su monitor se desplegaban los siguientes mensajes: “El ejército del águila bombardea los túneles por los que las fuerzas del deep swamp pretendían llegar a la capital y tomar el control del gobierno”, y otro más: “Las pruebas ya están en manos de los magistrados, arrestos masivos en las próximas horas”, seguido de: “NOM arrecia el ataque bloqueando el paso en el canal de Suez: el comercio internacional se derrumba”, luego: “Los repartidores de pizza están nerviosos, arrestos masivos pronto”, uno más: “Las pruebas son irrefutables: no podrán esconderse”, y para finalizar: “Los gigantes de la comunicación contra las cuerdas: todo su poder no podrá salvarlos de la Ley”. Y de nuevo a codificar y reenviar todo el día y toda la noche, todos los días y todas las noches. Todo dependía de él.

Trabajaba en un búnker del tercer distrito, en una pequeña buhardilla acondicionada por él mismo, totalmente insonorizada, forrada con cartones de huevos, techo incluido, para no dejar entrar ni salir cualquier luz o sonido que delatara su presencia. Seis relojes analógicos e inhackeables colgados de la pared frente a su escritorio marcaban la hora de New York, Rio, París, Moscú, Beijín y Sídney y un viejo despertador la de su ciudad, ya que al sol le estaba vedada la entrada.

Otra ronda de mensajes: “El ejército del águila destruye túneles que deep swamp usaría para llegar a la capital y tomar el control del gobierno”. Y otro más: “Pruebas en manos de magistrados, pronto arrestos masivos.”. “NOM ataca el comercio mundial bloqueando el paso en el canal de Suez”, Preocupados repartidores de pizza, se esperan arrestos”. “Pruebas definitivas: les espera cárcel”, “Los gigantes de la comunicación usarán todo su poder, pero no podrán salvarse de la Ley”. Otra ronda de reenvíos, otra vez poner en marcha las ruedas de la información.

Solo dejaba su almena de vigilancia para atender los requerimientos del cuerpo, ir al baño y comer, aunque estas necesidades demandaban su atención con menos frecuencia que antes. Quizás la razón de este fenómeno podría encontrarse oculta bajo la montaña de latas de aluminio vacías de bebidas energéticas que completaban la decoración de su refugio, coronadas por un recuerdo de la última reunión con sus amigos: un sombrero de papel de aluminio en forma de cono cubierto de polvo. No había probado bocado sólido en las últimas horas, ¿días, quizás?

Justo cuando se levantó a estirar las piernas saltaron las alarmas de los teléfonos, todas a la vez y el monitor adquirió el aspecto de un cuadro surrealista de fondo negro con un mar de letras azules cuyo movimiento recordaba al de las olas. Corrió a su silla gaming y se quedó en shock por el último mensaje recibido: “El águila bombardea túneles y evita fuerzas deep swamp tomen el poder”. “Los magistrados tienen pruebas, pronto arrestos masivos”. “NOM bloquea canal de Suez:  comercio cae”, “Pizza delivery en jaque, se esperan arrestos”. “Hay pruebas de todo: serán arrestados”, “Los grandes de la comunicación al descubierto: caerán los poderosos”.

De nuevo inició la distribución de la información, pero algo extraño ocurría. La transmitía y recibía de vuelta casi instantáneamente. El nivel de alarma aumentaba, esta vez sí es inminente –pensó y se entregó por entero a aporrear el teclado. Solo alargó el brazo para tomar una nueva inyección de energía de una lata de aluminio negra, con una M verde que parecía tallada por una garra felina.

Trabajó durante horas sin parar. Los mensajes no cesaban, ni él tampoco. El final había llegado. Su día D estaba allí. La lucha era encarnizada. La frecuencia in crescendo con que recibía los mensajes era para Q la prueba de que el día de la lucha final estaba ocurriendo ante sus ojos.

Es el final, esta vez sí, por fin acabará todo, repetía constantemente a manera de mantra. Tuvo miedo, ¿quién ganaría?, ¿ellos, los buenos?, ¿los otros, las fuerzas del mal? En la vida no siempre triunfa el bien, en la literatura tampoco. Lo único que le extrañaba era que aún no escuchaba explosiones, gritos, alarmas, ambulancias.

–Mejor así, no podría concentrarme con tanto ruido.

De pronto todo se volvió blanco, el monitor, las paredes, el teclado, las latas de aluminio, todo fue absorbido por un haz de luz blanca muy intenso. Q quedó paralizado.

Lo último que alcanzó a decir antes de que la apoplejía devorara su mente fue:

-La lanzaron, lanzaron la bomba, maldita sea.

Afuera los pájaros cantaban y el sol brillaba en una hermosa mañana de primavera.

El día del libro (Parte 2)

Cuando el hombre desarrolló el lenguaje escrito salvó el legado cultural de la humanidad. Al crear una vía para plasmar gráficamente el conocimiento aseguró su preservación y disponibilidad para ser estudiado y profundizado. La tradición oral encontró un asidero en la historia, las fábulas, las leyendas, la medicina, la religión sobrevivirían de generación en generación y habían alcanzado la posibilidad de crecer, pero cuando inventó el libro dio un paso más allá: acercó el conocimiento a todos, puso a disposición de la humanidad el legado cultural generado hasta entonces, halló en el libro un cofre donde atesorar la cultura universal. En el libro encontraron refugio las artes, la ciencia, el entretenimiento, la suma del conocimiento universal se aloja en los libros. Estas cajas de palabras encierran la esencia del ser humano. Poesía, ciencia, historia, recetas de cocina, geografía, pintura, cine, música, herbología, cuentos infantiles, novelas, relatos, y mucho más, todo el conocimiento universal codificado en palabras que reposan a salvo del olvido en las páginas de los libros.

En reconocimiento al más extraordinario de todos los inventos del ser humano cada 23 de abril se celebra el Día Internacional del Libro. En 1995 la UNESCO, a solicitud de la Unión Internacional de Editores, proclamó esta fecha como el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor. Sin embargo, el Día del Libro nació muchos años antes, cuando en 1923 el escritor valenciano Vicente Clavel impulsó ante la Cámara Oficial del Libro de Barcelona la iniciativa de dedicar un día al año a la celebración de la fiesta del Libro. Dos años después presentó esta propuesta en Madrid. El 6 de febrero de 1926 el rey Alfonso XIII firmó el Real Decreto que establecía que el 7 de octubre se conmemoraría el nacimiento del más insigne escritor español de todos los tiempos, Miguel de Cervantes, con una fiesta del libro, dedicada al libro español. No obstante, la elección de la fecha no fue la más afortunada, dado que la idea de la festividad era celebrarla al aire libre y el otoño, frío y lluvioso no permitía ese tipo de eventos. Finalmente, en 1930 se decidió cambiar la Fiesta del Libro al 23 de abril, en conmemoración al fallecimiento del genio de las letras castellanas.

En el 2001 la UNESCO dio un pasó más en la celebración de esta fecha con la elección anual de una ciudad como Capital Mundial del Libro. El honor recayó por primera vez en Madrid.

Existen muchas casualidades en torno a esta fecha. Además de conmemorarse la muerte de Miguel de Cervantes, el 23 de abril de 1616 fallecieron William Shakespeare y Gómez Suárez de Figueroa, conocido como Inca Garcilaso de la Vega. Es necesario acotar que Cervantes murió el día anterior, el 22 de abril, pero fue enterrado el 23. Con respecto a William Shakespeare, las efemérides en torno a su nacimiento y defunción son aún más curiosas: nació el 23 de abril de 1564 y murió el 23 de abril de 1616.

Cervantes, Shakespeare …y El Inca Garcilaso de la Vega.

La razón de ser de los puntos suspensivos que anteceden el nombre del tercer convidado a esta cita literaria es que normalmente solo se menciona a los dos anteriores, aún cuando Garcilaso de la Vega también destacó en el campo de las Letras. Conozcamos un poco más a estos tres grandes autores.

Las aventuras del ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha nos han deleitado por generaciones. El término “quijotesco” hace referencia tanto a aquel que está dispuesto a luchar por sus ideales, como al aspecto físico de alguien alto, delgado y algo desgarbado. Como encarnación de su personaje más famoso, la vida del mismo Cervantes estuvo cargada de aventura. Además de novelista, poeta y dramaturgo, ingresó en la milicia, fue soldado y resultó herido en la batalla de Lepanto. Inspirado por este evento escribió en el prólogo de la segunda parte del Quijote: «la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros». Se reincorporó a la vida militar y fue prisionero en una cárcel en Argel por 5 años. Su vida, al igual que la del Quijote estuvo dedicada a la lucha por las causas que consideraba justas No obtuvo en vida ni la fama ni el reconocimiento merecido por su trabajo, tan es así que su entierro fue anónimo. Su cuerpo fue depositado en una fosa común con 16 cadáveres más.

William Shakespeare, el creador del drama de los Montesco y los Capuleto, del suplicio de “Otelo”, del poder de la ambición tan magistralmente plasmado en “El mercader de Venecia” o la venganza que mueve la actuación de Hamlet, el de la famosa frase “ser o no ser”, es considerado el escritor más importante de la literatura inglesa y uno de los más grandes de la literatura universal. Fue dramaturgo, poeta y actor. Los últimos años de su vida están envueltos en el misterio. Se afirma que se unió a una compañía de teatro, aunque otra versión sostiene que se retiró a dar clases en un colegio rural. Sus restos descansan en la Holy Trinity Church de Strafford. El mismo redactó su epitafio:

‘Buen amigo, por Jesús, abstente de cavar en el polvo aquí encerrado. Bendito sea el hombre que respete estas piedras y maldito el que remueva mis huesos’.

Retrato de Gómez Suárez de Figueroa, renombrado como Inca Garcilaso de la Vega en 1563, quizás porque su padre era sobrino del poeta español Garcilaso de la Vega. Fue un escritor e historiador, de ascendencia española, nacido en Perú. Se le conoce como “el príncipe de los escritores del nuevo mundo”, por el gran dominio del español en su obra literaria. Su obra cumbre fue “Comentarios Reales de los Incas”. En ella plasmó la historia, cultura y costumbres de los incas y de otros pueblos del antiguo Perú.

Estos grandes escritores legaron su obra a la humanidad. Hoy, Día del Libro, celebremos su trabajo y el de tantos otros que con sus creaciones nos han brindado conocimientos, nos han transportado a universos pasados, presentes y futuros, reales o inmersos en profundas distopías que prosperan en el reino de la imaginación.

El libro crea entre nosotros los lectores un vínculo intangible e indestructible, es a la vez puente y vehículo para el ir y venir de la cultura y el pensamiento, es el más universal y democrático medio de interacción del ser humano. Gracias a él y por su intermedio aprendemos y nos entretenemos con el trabajo de quienes comparten con todos nosotros su saber y su arte: tenemos acceso a su legado.

El día del libro (Parte 1)

Sant Jordi

El 23 de abril se conmemora el fallecimiento del soldado mártir San Jorge, ocurrido en el año 303, pero ¿qué tiene que ver un soldado nacido a finales del siglo II en Capadocia (hoy parte de Turquía) con la celebración del día del libro? Para averiguarlo, veamos primero quién fue San Jorge. Recordemos que para ese entonces Capadocia formaba parte del Imperio romano. Uno de los oficiales del ejercito romano llamado Geroncio y su esposa Policromía, tuvieron un hijo que siguió los pasos de su padre y se convirtió en soldado, con una carrera prometedora por delante: ingresó en el séquito del emperador Diocleciano, llegando a ser uno de sus guardias personales.

Pero en el año 303 la suerte le cambió a Jorge. Se vio en la disyuntiva de elegir entre su religión y su vida y al negarse a renunciar a su fe cristiana fue degollado. Murió el 23 de abril, de allí que ese día se conmemore el fallecimiento del santo y mártir. Fue canonizado años después de su muerte. Se le considera el protector de los ejércitos y, además, fue declarado patrón en varios países: Inglaterra, Portugal (antiguamente), Bulgaria, Ucrania, Etiopía y Georgia. En España es el santo patrono de Cáceres, Santurce, Santurdejo, Alcoy y Banyeres de Mariola, Golosalvo y Madrigueras.

Fue todo un personaje, San Jorge, pero no solo por haber muerto como mártir por sus creencias religiosas, sino por una leyenda según la cual él dio muerte a un feroz dragón que asediaba Capadocia. No hay ninguna evidencia de que esto sea cierto, pero el caso es que las leyendas, a diferencia de las fábulas, tienen una base de verdad.

La historia cuenta que los habitantes de esta ciudad vivían aterrorizados por un dragón que los atacaba constantemente. Para apaciguar su hambre y mantenerse a salvo le entregaban cada día dos corderos. Cuando los animales empezaron a escasear decidieron mandarle un cordero y una persona, que sería elegida por sorteo.

El rey compensaría a la familia del seleccionado con grandes riquezas. Pero la elegida resultó ser su propia hija, la princesa.

La joven princesa fue a la cueva a encontrarse con el dragón y cuando este estaba a punto de devorarla apareció Jorge, quien atravesó el corazón de la bestia con su espada y la mató.

De la sangre que brotó del cuerpo sin vida del monstruo nació un hermoso rosal rojo, del cual Jorge cortó una rosa que le entregó a la princesa.

En agradecimiento, el rey ofreció a Jorge grandes riquezas y la mano de su hija, pero el caballero rechazó la recompensa, prefirió que la repartieran entre los habitantes pobres del reino. Tampoco se casó con la princesa; partió solo de Capadocia.

Pero todavía no llegamos a la relación entre San Jorge y los libros. La leyenda del valiente caballero recorrió el mundo y fueron muchos los pueblos que se apropiaron de ella. Tan épica gesta no pasó desapercibida por los catalanes, quienes ubicaron al dragón en una cueva en el pueblo de Montblanc. El resto de la historia -el sorteo donde se elige a la princesa, la oportuna aparición de Jorge, la muerte del dragón, el rescate y el rosal- es el mismo, salvo por un detalle: la princesa rescatada en Montblanc le escribía poemas de amor a Jorge, el caballero que la rescató de las garras de la muerte. Ahí es cuando entran los libros en la historia, de la mano de los poemas de una princesa enamorada.

En Cataluña el 23 de abril se celebra el día de los enamorados y el día del libro, en honor a la muerte de San Jorge y en recuerdo del bello gesto de la princesa que escribía versos a su salvador. Ese día los caballeros le regalan a las damas una rosa y ellas les obsequian un libro.

Es imposible comprobar la veracidad de la leyenda de San Jorge, o Sant Jordi, o ubicarla en el espacio y creo que tampoco es necesario. Para mí celebrar al libro con una historia que involucra a un caballero, un dragón, una princesa, una rosa y un poemario es sublime. Dejémonos llevar por las leyendas, los cuentos, los mitos, los caballeros, las hadas, los duendes, los arcoíris, los dragones y las rosas, que la fantasía nos envuelva y disfrutemos el día del libro envueltos por la magia que ocurre al abrirlos.

Rosalía

Rosalía y el sol se levantan juntos. Como tomados de la mano empiezan la faena diaria. Él rompe el alba, ella, con su metro y medio, la piel muy blanca, la nariz llena de pecas y el talle delgado como una margarita silvestre corre descalza a liberar a las cabras del corral para que salgan a retozar en el prado verde, repleto de primavera. Corre con ellas, le gusta sentir en los pies la humedad de la hierba empapada de rocío, goza esa conexión con el único mundo que conoce.

Regresa al establo que hizo su abuelo, ¿o sería su bisabuelo?, en una fecha tan remota que ha escapado a los recuerdos. Recoge huevos mientras habla con gallos y gallinas. Esparce maíz. No se demora, corre a los otros corrales del pueblo a repetir la labor. Y es veloz, Rosalía, a pesar de ser una mujer atrapada en un cuerpo de niña, o quizás sea precisamente por eso, porque es una niña eterna. Más de una vez ha pensado en reunir a todos los animales en un solo corral para facilitar su trabajo, pero descarta la idea: podrían preocuparse sus dueños al no verlos cuando regresen.

Cuando vuelve a su casa encuentra un corro de seres peludos en la puerta. Los perros tienen collar y la saludan con la pata levantada, los gatos ronronean mientras se restriegan contra sus piernas. Los alimenta. Son educados, devoran sus raciones de comida y cariño a partes iguales. Así de generosa es Rosalía, siempre pendiente de todo y de todos.

Después se entrega a su pasión: el cuidado de las plantas y flores que tan primorosamente adornan cada rincón del pueblo. Arranca la maleza, riega, trasplanta, reubica macetas y barre. Mantiene impecable ese puntito en el mapa, a la espera de un reencuentro que no llega.

En la tarde se pone los zapatos para visitar a sus vecinos. “Es de mala educación ir descalza a una casa ajena”, recuerda que le dice su madre. Ella y su padre se fueron en unas furgonetas grandes, amarillas. A ella no le gustaban; sus luces rojas y sus aullidos espantaban a los animales.  

Antes de salir pasa por su jardín encantado donde guarda un tesoro: rosas de todos los colores conocidos y de algunos nuevos, quizás, producto de sus cruces e injertos. Habla con ellas, las trata con amor y con delicadeza completa una cesta de flores para las buenas almas que la conocen desde que nació.

Ansiosa y calzada recorre las calles de San Roque de los pinos, su pueblo callado, de calles con piel de adoquín, casas altas y fachadas de piedra que le dan un aire medieval, roto tan solo por las cascadas multicolores que penden de los balcones. Geranios rojos, abrazados como novios, impregnan el aire con esencias de amor, recodos de ensueño con bancos donde sentarse a disfrutar del sol de la mañana, ese que calienta la piel y entibia el alma.

Atraviesa la plaza central, flanqueada al este y al oeste por dos edificios que rigen la existencia divina y la terrenal de los habitantes del pueblo. Las campanas del primero no doblan desde hace tiempo.

Cruza las vías de un tren sin destino saltando sobre un solo pie. Usa los durmientes como las casillas de una rayuela imaginaria.

Llega a la cita con sus vecinos, se sumerge con ellos en charlas, íntimas o triviales, según su estado de ánimo. Les cuenta sus cosas, comparte sus sueños, planes e ilusiones. Son buenos oyentes; no la interrumpen nunca. Se despide con una flor y la promesa de volver pronto, antes de ir a ver al siguiente.

Se acerca al final de su itinerario de visitas vespertinas cuando un hombre con la espalda doblada por el peso de los años la aborda con la dulzura de un susurro.

-Rosalía, mi niña, vamos, es hora de cerrar. Uno de estos días me voy a olvidar de ti y te vas a pasar la noche aquí, encerrada con los difuntos.

-Calle, don Benito, que le pueden oír y se molestan. Solo deme un momento para despedirme de ellos, para darles las buenas noches y prometerles que mañana regresaré a hacerles compañía otro ratito.

-Creo que ya lo saben, niña, además, ¿hay algo que aún no les hayas dicho? Vamos, que se hace tarde y estoy cansado.

-Solo un momento, don Benito, se lo prometo, quiero despedirme de estos dos de aquí.

-Ah, sí, ellos fueron los últimos en llegar. Está bien, Rosalía, como quieras. Te espero en la entrada -comentó don Benito antes de emprender el camino de regreso. Ella cumplió su palabra y apenas se entretuvo en esta última visita. Los dos últimos estaban juntos, podía hablar con ambos a la vez.

-Adiós mamá, adiós, papá. Todo bien por casa. Vuelvan pronto, los espero.

Después de despedirse de sus padres, Rosalía se reunió con don Benito en la entrada del cementerio. A él también le regaló una rosa.

Personajes secundarios (4)

Eva

Para cerrar el ciclo de presentación de personajes, hoy les traigo a Eva, una camarera que trabaja en un pequeño café. No viene sola, la acompañan su jefe, un hombre destruido moral y físicamente y Ana, compañera de trabajo y amiga entrañable. Ustedes se preguntarán, ¿qué tiene que ver esta chica con hospitales, doctores, eutanasia, cáncer y demás indicios que hasta ahora les he dado? La respuesta la encontrarán en las páginas de La máscara del verdugo. Por ahora solo les diré que este trío de personajes lleva sobre sus hombros la gran responsabilidad de dar vida al final de la historia donde se presenta, de nuevo, el tema de las decisiones, a través de un dilema ¿Qué camino tomar?, ¿cuál es la mejor decisión?, ¿la más simple o la que implica mayor dificultad?

¿La puerta roja o la gris? ¿Derecha o izquierda? ¿A favor o en contra?

Les presento a Eva Díaz:

Personajes secundarios (3)

Seguimos con el ciclo de presentación de los personajes secundarios de La máscara del verdugo. En ocasiones las historias de algunos personajes están tan entrelazadas que resulta imposible seccionarlas para analizarlos por separado. Sus acciones dependen de las de los demás, están unidas por una relación de causa y efecto. Este es el caso de la señora Amelia Duarte y sus dos hijos, Julio y Amelia.

La generosidad

Portada de La casa de las arenas de Natalia Doñate.

La generosidad es una semilla de cariño que sembramos en el corazón de los demás. Siempre germina y cuando florece nos llena de felicidad. La imagen anterior corresponde al libro de cuentos “La casa de las arenas” que la escritora Natalia Doñate acaba de publicar y compartió reciente y generosamente con nosotros sus seguidores https://wordpress.com/read/feeds/115532616

Esta chica se planteó un reto imposible y lo cumplió: escribir un cuento corto al día, durante noventa días. Su sueño acaba de cristalizar en forma del que promete ser un compendio de relatos cautivador, con el que podremos amenizar veladas deliciosas inmersos en sus páginas.

La introducción que hace la autora es magistral, hace palidecer a cualquier presentación que yo haya leído en mi vida, y he leído bastantes. Nos invita a leer su libro desde dentro de una historia, oculta en ella, presentándose como un personaje más. Es el autor que viaja hacia el interior de su obra, nos saluda desde la dimensión de las palabras, y luego regresa a nuestro plano para invitarnos a leer sus cuentos, que, de paso, están muy bien escritos. Bravo, Natalia, bien por ti.

La generosidad, ese compartir, el desprendimiento con el que tocamos las vidas de los demás, sembrando en ellas una semillita de cariño que germinará siempre. Hasta en los corazones más duros, incluso en los más indiferentes.