Sin retorno

Alto, maduro, erguido, listo para partir. Ha llegado el momento de fragmentarse, de hacerse brisa, de dejarse llevar y recorrer el mundo. Cada minuto que retrasa su partida para él entraña una eternidad; necesita toda la vitalidad de su juventud para sortear las dificultades del arraigo. Trasciende su necesidad de esparcirse y hacerse legado, de colonizar nuevas tierras.

Solo puede adivinar la tierra que empieza a aparecer ante él. Apenas vislumbra una silueta que se recorta en el horizonte, que asoma misteriosa entre la bruma. Lomas escarpadas y costa que frena al mar desde que emergió de las entrañas de la Tierra para reunirse con el azul infinito del cielo. Hacia ella se dirige. Viaja como polizón en las alas de un ave que, al igual que él, no puede contener el impulso irrefrenable de migrar, o arrastrado por una tormenta, tal vez, que lo ha arrancado de cuajo de su pie llevándolo lejos, arrojando su destino hacia derroteros desconocidos.

Sus inicios en el nuevo mundo son duros. Tiene la suerte de encontrar una rendija donde fijar sus raíces, aún incipientes, y asirse a su destino, otrora incierto, hoy algo más seguro. Contra todo pronóstico encuentra un lugar para él en esa tierra desconocida, aunque aún no puede llamarla “suya”, y quizás nunca lo haga: para los nómadas la inmovilidad es apenas una parada en el camino.


En esta nueva tierra lo sorprende la belleza que florece, la delicadeza que alegra la vista, la vida, el alma.

Poco a poco se va integrando.

Su paso va marcando la senda que seguirán otros tras él. Su camino será el de ellos.


Florecen nuevas relaciones, futuros que se entrelazan. Él ha llegado a enriquecer las vidas de todos.
La diversidad aporta riqueza.

Brinda protección a los más pequeños, los resguarda del viento, de los peligros de una vida de vértigo a la vera del camino.

Ha llegado el momento de partir nuevamente. Sus sueños se esparcirán otra vez empujados por el viento, por sus ansias de recorrerlo todo, de abarcarlo todo, de llevar su semilla a nuevos mundos.

El emigrante viaja en sueños, envuelto en anhelos, en esperanza. Viaja primero en la imaginación desde su lugar de origen, atendiendo al deseo de ver y conocer, pero también desde la necesidad de ser libre. El futuro solo encierra incertidumbre para él; deseos y miedos a partes iguales. Querer cambiar de aire, buscar ese algo que le falta y necesita para seguir viviendo…aunque no tenga muy claro qué es. De lo que sí está seguro es de que lo sabrá cuando lo encuentre. La belleza del corazón se abre paso entre las piedras del camino, las buenas almas prosperan, extraen amabilidad de la indiferencia más sólida, la derriten, exponiendo lo mejor que hay en cada uno. En esta nueva tierra aprenderá a encontrar la belleza que florece, la delicadeza que alegra la vista, la vida, el alma. Pero no todos lo logran, algunos no pueden vencer los obstáculos, las decepciones, el odio. No todos están hechos para el viaje; los vence la nostalgia. (Imagen tomada de Infobae https://www.infobae.com/tendencias/estilos/2017/04/19/10-increibles-estatuas-ubicadas-en-espacios-publicos/)

Amazon

Cuando se trabaja con ilusión cristalizan los sueños
¿Qué mejor forma de cerrar la semana que con la noticia de que “La máscara del verdugo se agotó en Amazón?

Trabajar, investigar, escribir, tachar, apretar la tecla “Supr” sin piedad. Dudar, retomar, seguir y terminar la novela. Atreverse a enviar el manuscrito a una editorial y, ¡a corregir de nuevo! Elegir la portada, escribir la dedicatoria, elegir un epígrafe que contenga toda la sangre, sudor y lágrimas derramados en el proceso, pero sin que se note demasiado. Trabajar sin descanso, pero con mucha, mucha ilusión. Finalmente, ver que todo ha valido la pena: mi novela se agotó en Amazon. Por favor, que alguien me pellizque, para comprobar que no es un sueño…o mejor no, prefiero seguir soñando y escribiendo. Gracias, queridos lectores, de todo corazón.

Citas

“Su siguiente pregunta fue el planteamiento verbal de la desazón que

la había abrumado desde que se le acabaron las excusas

que se daba a sí misma para justificar su malestar. Era una

interrogante que tenía atorada en la garganta. Temía que al

plantearla a viva voz le daría vida, como si invocara a un

demonio dormido”.

Cita tomada de “La máscara del verdugo”

Las cartas de mi abuela

Mi abuela era la mejor escritora que he conocido, cosa bastante sorprendente en alguien que no sabía escribir con propiedad. De alguna manera logró completar tres o cuatro grados de primaria, los cuales no fueron suficientes para permitirle dominar las normas básicas de ortografía, gramática y sintaxis que rigen nuestro idioma.
A pesar de eso, ella lograba comunicar sus ideas, experiencias y anécdotas con la ayuda de un bolígrafo de tinta azul, que en ocasiones dejaba charquitos de tinta al final de las palabras, y hojas blancas sobre las cuales trazaba líneas a lápiz, finas, que borraba al terminar la carta. La invención del papel rayado le ahorró bastante trabajo.


Jamás entendió la necesidad de tener dos íes, la griega y la latina, porque ambas sonaban igual. Entonces, ¿para qué complicarse la vida con dos letras que hacían lo mismo? Utilizaba indistintamente la vocal o la conjunción, siguiendo la inspiración del momento. Tampoco imaginaba la utilidad de la hache, la letra muda, la de las “almoadas”, las “alajas” y la flor de “azar”, pero que jamás omitió al referirse a la Alhambra. Quizás sea porque esta última quedaba muy cerca del pueblo donde nació.

La Alhambra

Pasé poco tiempo con ella, vivíamos muy lejos, pero su pasión por las letras lograba franquear la distancia que nos separaba y, por curioso que parezca, en ocasiones estábamos más al corriente de su vida que de la de otros parientes que vivían a minutos de mi casa. Tampoco le gustaba hablar por teléfono: lo suyo era escribir. Todos los meses recibíamos una de sus cartas.
Recuerdo con especial cariño las que me enviaba por mi cumpleaños. Cada veintidós de noviembre esperaba con ansias al cartero. En ocasiones llegaban antes, pero nunca después; se aseguraba de que fueran entregadas a tiempo marcándolas como “certificada” y “urgente” y colocándoles el doble de las estampillas requeridas. Además, empezaba a escribirlas el primero de octubre: el servicio postal necesitaba quince días para entregarlas; ella poco más de un mes para redactarlas.

Su caligrafía, de caracteres grandes y generosos, era de trazos irregulares, problema este que se agravó cuando la artritis le deformó las manos. Mi mamá me leyó las primeras cartas, porque, por más que me empeñaba, no lograba entenderlas. Escucharlas era un placer. Con el tiempo, aprendí a leerlas por mí misma.

Esas crónicas deliciosas me llevaron de su mano por La Gran Vía, me aliviaron el calor del verano en La Cibeles, me hicieron cruzar las puertas de Alcalá y contemplar las maravillas del Parque del Retiro.
Gracias a su prosa sencilla supe que en ese lugar no se pueden cortar las flores: en 1.930, ella paseaba con mi abuelo y vio una rosa espectacular. Cuando pensaron que nadie los veía, él la cortó y se la dio. Inmediatamente apareció un policía que le impuso una multa de ciento cincuenta pesetas. Quizás hoy en día esa suma parezca ridícula, ni siquiera la moneda existe, pero en aquella época era una cifra exorbitante. Y lo peor fue que no le permitieron conservarla. Después de pagar la multa, le pidió al policía que se la devolviera, pero el funcionario se limitó a responderle: “–aquí no se venden flores”.



Fue una escritora muy dedicada. Le tomaba treinta días escribir las cuatro páginas que nos enviaba sin falta cada mes. En muchas de ellas empezaba diciendo: “Acabo de echar la carta en el correo…” Siempre estaba escribiendo. Las cataratas interrumpieron su trabajo a la edad de ochenta y dos años. No encontró a nadie a quien dictárselas.

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LA QUINTA BELLA VISTA de Pilar Torres

María del Pilar Torres Navarro nació en 1973 en Tenerife, donde reside actualmente. Estudió Derecho en la Universidad de La Laguna e hizo un Postgrado en RRHH y Medios en la Universidad de Barcelona y su segunda novela, “La llave del espejo” acaba de quedar entre las cinco finalistas del Premio Nadal 2021, nada más y nada menos que 1.044, en esta edición récord.

La Quinta Bella Vista es una novela muy bien escrita, interesante, con buen ritmo, y prosa cálida que engancha e invita a seguir leyendo. Es una historia de sanación a todos los niveles que pueda experimentar el ser humano, en la medida en que decida vivir su vida en coherencia con sus deseos, sin permitir que los prototipos sociales la limiten. Nos hace pensar que, en ocasiones, quizás lo mejor sea detenerse y tomar distancia para evaluar nuestras prioridades. Es una historia de fe, vida y esperanza, a la que solo se accede al materializar un profundo proceso de introspección. Al final, la autora se saca un as bajo la manga, un último elemento insospechado, que, como un regalo de despedida, nos deja un sabor dulce de un relato construido a través de los caracteres fuertes y muy bien logrados de sus protagonistas.

Ahora veamos de que está hecha:

Aspectos formales:

Prosa ligera y de lectura fácil, lo cual en ningún momento desmejora la calidad de la escritura. Transgresora de la norma, al contar con dos narradores, ambos en primera persona, lo que permite avizorar un choque de trenes entre ellos y le añade vitalidad a la historia. Al enfocar la trama desde dos puntos opuestos, la escritora presenta su realidad como amplificada por el reflejo de múltiples espejos. Este recurso enriquece la obra y la dota de originalidad.

Diálogos: llama la atención la habilidad con la cual la escritora crea la manera de hablar de Sara. Cada línea de diálogo está cargada de palabras entremezcladas en varios idiomas y, sin embargo, no suena falso ni artificial, fue un efecto logrado con naturalidad, puesto que es coherente, mantiene los mismos extranjerismos a lo largo de todas las líneas de diálogo. Tampoco afecta la comprensión del mensaje. Sin duda, este recurso contribuye a reforzar la identidad del personaje.

Recursos: la introducción de las entradas transcritas de un diario que hay que descifrar para desentrañar los misterios de una historia de amor complicada en tiempos de guerra, bajo una férrea dictadura militar y en medio de la Revolución de los claveles, le dan un toque detectivesco a la historia muy interesante y bien logrado. También aparecen un testamento manuscrito y una carta; el conocer directamente el contenido de esos documentos acerca al lector al relato de una forma más íntima, es como si compartiera las vivencias de los protagonistas, como si él también formara parte de la historia.

Escenarios:

El principio de la historia transcurre entre la cotidianidad de la vida de una abogada en Santa Cruz de Tenerife, en un ambiente citadino y profesional y una encantadora casita rural situada a 30 kilómetros de la capital. La elección de estos escenarios tan diferentes reafirma el carácter contrapuesto de las vidas de las dos protagonistas. Se oponen diametralmente los estilos de la vida urbana, competitiva y acelerada, centrada absolutamente en el trabajo de Lucía y la existencia más sosegada y espiritual que vive Sara en un medio rural.

Luego nos trasladamos a Sintra, un paraje precioso a las afueras de Lisboa, en Portugal, lugar donde está ubicada la Quinta Bella Vista, la razón de ser de esta historia, ¿o quizás sea la excusa? Habrá que leerla para descubrirlo, querido lector. Los escenarios son suficientemente descritos y bien logrados, sin abrumar al lector con detalles innecesarios o redundantes.

Sintra, cercana a Lisboa

Por otra parte, podemos adivinar que la mención de algunas estancias en el relato no es gratuita. Todas ellas brindan información valiosa sobre los personajes, los sitúan en parajes que se ganan su peso en la trama al aportar información sobre los protagonistas y sus andanzas. Cada sitio encaja en la historia como las piezas de un rompecabezas que al completarse nos da una idea más clara de quienes son.

Ambientación:

Aunque la historia central transcurre en la actualidad y a propósito de un pleito por una herencia, bajo ella subyace la razón de ser de la misma, la historia de un amor accidentado que tiene lugar en Portugal entre los años 1973 y 1974, con el trasfondo histórico de la guerra de las colonias, la dictadura de Salazar y la Revolución de los claveles.

Cartel alegórico a La Revolución de los Claveles

Personajes:

La trama la mecen personajes entrañables e impecablemente construidos. Hablemos de los principales.

Personaje principal:

Lucía: abogada tinerfeña, que se ha ganado un lugar en el mundo con estudio, trabajo, esfuerzo y sacrificio, agobiada por una terrible fibromialgia, cuyo origen quizás no sea el planteado al inicio de la historia. En este relato casi nada ni nadie es lo que se percibe inicialmente. La protagonista experimenta un proceso de transformación total en el devenir de la trama. Es, además uno de los narradores en primera persona.

Personajes secundarios:

Sara: enfermera durante la guerra y curandera cosmopolita, de nobles sentimientos, dotada de una energía vital que nace de la necesidad de ayudar a los demás. Es una ciudadana del mundo que nos habla con sabiduría y desde el corazón. Esta es una de sus frases cargadas de verdad:

 “-Mais los sueños hay que perseguirlos cuando nacen, porque cuando envejecen pierden sua esencia, é ya no son sueños, sino deberes sin hacer…”

Este personaje fue creado con una delicadeza extraordinaria y nada en ella es casual, empezando por sus impresionantes ojos azules, que le valieron su apodo durante la guerra, hasta su forma de vestir, envuelta en sedas coloridas y vaporosas, modos de ser y estar adquiridos durante su convivencia con las diferentes culturas con las cuales ha compartido su vida, en la gran cantidad de países donde ha residido. Esta idea es reforzada a lo largo de la historia a través de varios mecanismos, tales como objetos mágicos o sitios turísticos cuya comprensión escapa al visitante común, pero que ella conoce. Esa característica le añade un toque mundano y cosmopolita a la novela y amplía el ya vasto espacio e idea de movimiento constante que envuelve a la trama.

Victor Arantes: militar retirado, hombre dedicado al servicio de la patria, un tanto tosco y rudo, cincelado por la vida militar y acostumbrado a la disciplina y a impartir órdenes. Este personaje muestra, al mismo tiempo, una faceta un tanto sorprendente de su personalidad: es amante de la poesía, hecho que contrasta con su carrera. La construcción sólida de este personaje le otorga una total verosimilitud.

Miguel Arantes: hijo de Victor Arantes, oftalmólogo. Es el otro narrador de la historia, quien se va a querellar con Sara por la herencia en cuestión. A pesar de ser un personaje sólido, transmite la sensación de andar un poco perdido en el mundo, a la vez que ansioso por descubrir quién era su padre realmente. Se adentra en la historia decidido a desvelar el misterio que envuelve la vida de su progenitor.

Recomiendo la lectura de esta preciosa obra, que tiene todos los elementos precisos para mantener la atención y el interés del lector. Estaré pendiente de la publicación de la siguiente, “La llave del espejo”, así como de todas las que de seguro consolidarán la trayectoria de esta exitosa escritora canaria.

Eutanasia, un debate cargado de grises

La aprobación de la Ley de la eutanasia en España es solo el primer paso de un camino incierto que hay que emprender con pies de plomo.

La eutanasia es un tema del que se desprenden muchas preguntas y demasiadas respuestas. Ante cada planteamiento surgen argumentos que, a favor o en contra, comportan en sí mismos algo de razón, pero que no hacen otra cosa que alejar a la sociedad del consenso. Es imposible abarcar todos los aspectos que se desprenden de la eutanasia en un solo artículo, razón por la cual nos limitaremos a tan solo tres de ellos, como lo son el riesgo de la banalización de la muerte, que llevaría implícita la de la vida misma, la empatía y la conveniencia de otorgar a alguien el poder sobre la vida de otros.

Es un fenómeno conocido que las sociedades inmersas en la violencia se acostumbran a convivir con la muerte como un elemento más de su cotidianidad. Viví en una de ellas, y recuerdo los reportes televisados del parte de guerra del fin de semana que transmitían los lunes en la mañana. La narradora daba primero la cifra global y luego la desglosaba por estados, pero no hablaba de víctimas, sino de casos por resolver, compartía con el público las estadísticas de su trabajo como lo que para ella significaban: los datos de un día más en la oficina. Estas muertes lamentables producto de la violencia eran despojadas de su carácter aciago. Las viudas, los huérfanos, los menores de edad que pierden la vida de forma violenta y el horror que produce la crueldad sin sentido que reviste algunos crímenes, con el tiempo dejan de sobrecoger a sus pares; los fallecidos dejan de ser personas y se convierten en expedientes archivados en carpetas numeradas con códigos que permiten ubicarlas en medio de cementerios de papel.

No es mi intención comparar a la eutanasia con el homicidio, distan mucho la una del otro, pero en ambos casos la muerte pierde la excepcionalidad que caracteriza la desaparición de cada vida, única, valiosa e irrepetible y la costumbre la convierte en un hecho cotidiano. Esta es una posibilidad con la regularización de la eutanasia, la banalización de la muerte, que conduce a la de la vida, lo que a su vez podría llevar, por ejemplo, al replanteamiento de prioridades en cuanto a la orientación o el manejo de recursos de diferente índole, tales como, la investigación o el gasto público ¿Se vería afectada la investigación para hallar la cura de enfermedades como el Alzheimer y el cáncer? Es posible. Por un lado, la sobrepoblación es un hecho evidente y, por el otro, y en aras de la optimización de los recursos disponibles en la sanidad pública, no faltará quien considere conveniente invertir el dinero destinado al estudio de este tipo de dolencias en otras áreas. Las mejores intenciones se ven machacadas no pocas veces por los recursos disponibles; con demasiada frecuencia estos últimos moldean la toma de decisiones y las prioridades en cuanto al uso de los recursos humanos, materiales y financieros existentes.

Cabe igualmente preguntarse qué papel juega la legislación en este debate. La OMS define la eutanasia como la “acción del médico que provoca deliberadamente la muerte del paciente”, así, sin cortapisas ni ulteriores consideraciones sobre solicitudes, casos especiales, patologías incurables, juntas médicas, derechos humanos o deferencias éticas. Por este medio se otorga a un ente la facultad de poner fin a la vida del solicitante bajo el amparo de la ley. A partir de aquí se decantan los grupos en pro y en contra, ninguno de ellos tiene en su mano la verdad absoluta y cada argumento encuentra a su vez argumentos a favor y en contra. Posiciones como “es un acto de misericordia” se estrellan contra posturas religiosas del tenor de “sólo Dios da la vida y sólo Él puede quitarla” o médicas, dado que la eutanasia va contra el principio hipocrático de Primum non nocere, es decir, “ante todo, no hacer daño”, y es que en esta discusión confluyen las diferentes ramas del ser y el saber: el Derecho, la Medicina, la Política, la Religión y la Ética.

Aparecerán los objetores de conciencia con todo su derecho a oponerse a practicar la eutanasia; serán ellos, quienes, en definitiva, tendrán que llevar esa pesada carga sobre sus hombros, quienes se verán obligados a vivir con ello, serán sus principios los vulnerados. En la Edad Media los verdugos ocultaban su cara tras una máscara para proteger su identidad, a pesar de que actuaban en nombre de la ley, haciendo justicia al ejecutar una sentencia de muerte. Hoy en día son tres quienes oprimen el botón cuando se somete a un reo a la ejecución en la silla eléctrica y en el caso de la muerte por inyección letal ocurre lo mismo, ninguno de los verdugos sabe cuál de las jeringas es la portadora de la sustancia mortal. Entonces, ¿se puede obligar a alguien a poner fin a la existencia de otro abierta y directamente?

La empatía también tiene tribuna en esta discusión, solidarizarse con el dolor que sufre un enfermo terminal es inherente a la condición humana. Querer evitar que su sufrimiento continúe es considerado un acto de humanidad, pero poner sobre los hombros de un tercero la carga de acabar con una vida no es menos duro. Algunos médicos estarán de acuerdo, otros no y podríamos abrir un poco más el espectro de casos puntuales hasta llegar a aquellas personas que viven gracias a una máquina, ¿por qué se impide su muerte?, ¿por qué no desconectarlas y dejar que la vida siga su curso? Porque el deseo de preservar la vida está intrínsecamente relacionado con la esencia del ser humano y con el más básico y primitivo de los instintos de toda especie: el de supervivencia.

Hay quienes consideran que la eutanasia representa una derrota para la sociedad, un rendirse antes de tiempo, aduciendo que si un enfermo no se viera a sí mismo como una carga y gozara del debido acompañamiento y atención no solicitaría la eutanasia y proponen, en su lugar, el desarrollo de la Medicina Paliativa. La Asociación Catalana de Estudios Bioéticos (ACEB) plantea, en un documento titulado “¿Qué es la eutanasia?”, una vía alterna para asistir a enfermos terminales sumidos en el sufrimiento y presentan la sedación terminal como una herramienta ética. http://bioetica.cat/razones-para-el-no-a-la-eutanasia/

La legalización de la eutanasia es apenas el primer paso de un largo camino en el cambio de paradigmas éticos que la sociedad española empezará a recorrer con su aprobación. Se definirán estrategias y protocolos muy claros y específicos cuando se implemente la ley, que podrían evolucionar o diluirse en la medida en que la muerte se banalice, se haga rutinaria. Quizás con el tiempo se amplíe el espectro de casos aceptables o se minimice la importancia de contar con la solicitud o el consentimiento expreso del paciente. Es posible, ya ha ocurrido. No intento predecir el futuro, el párrafo anterior, lejos de especular, hace referencia al presente y pasado recientes de los resultados de la legalización de la eutanasia en países como Holanda, donde un médico permitió someterse a la eutanasia a una de sus pacientes, una mujer de 50 años quien, aunque gozaba de una buena condición física, sufría un cuadro depresivo severo, según el informe Remmelink. Además, en este país está al alcance de menores de edad, con el consentimiento de sus padres…hasta que ese consentimiento deje de ser un requisito.

No hay posiciones absolutas, nada es blanco y negro, es una discusión cargada de grises. Nunca se alcanzará el consenso.       

       

Querido lector, si ha llegado hasta aquí le invito a la sección “Reseña de productos”, donde encontrará la reseña de mi última novela, titulada “La máscara del verdugo”.     

¿Es posible atrapar el arcoíris?

Lamentablemente no, pero en nuestro bello planeta existen lugares donde podemos caminar sobre él, porque las montañas, en su recorrido incesante hacia las nubes, capturaron sus colores para siempre.

Franjas rojas, azules, verdes, amarillas destacan sobre el lomo de escarpadas montañas.

La Montaña Arcoíris o Vinicunca en Perú

Parecen paisajes hechos por el hombre, pero no lo son.

La Montaña Arcoíris en Perú, la Serranía del Hornocal de Jujuy en Argentina, donde se encuentra el Cerro de los 14 colores o el Parque Geológico Danxia en China son la puesta en escena de un proceso geológico que duró millones de años, es bastante complejo e involucra diferentes etapas y agentes. Veamos:

Durante siglos, el agua de la lluvia y de los ríos fue arrastrando grano a grano diferentes tipos de estratos o sedimentos, de colores muy particulares, y los depositó en capas horizontales. El peso de una capa sobre otra ejerció la presión suficiente para compactarlas. Son materiales residuales distintos, cosa importante para entender por qué sus colores son diferentes.

Pasó el tiempo y las placas tectónicas de nuestra Tierra, siempre cambiante, siempre en movimiento, enfrentaron su propia guerra de titanes, chocando entre sí.

Placas tectónicas

La manifestación visible de este fenómeno se conoce como orogénesis, y es el proceso mediante el cual se forman las montañas tras una colisión, creando pliegues en la corteza terrestre que han dado origen al surgimiento de colosos como la cordillera de los Andes y la del Himalaya. Entonces, estos terrenos que estaban ocultos bajo el suelo emergieron, quedando expuestas las distintas capas de sedimentos acumuladas durante siglos. Intervino la erosión, el agua le dio forma al terreno y eliminó los residuos siliciclásticos, develando sus colores. El mineral de hierro presente en las capas se oxidó al quedar expuesto al  aire, aportando al paisaje el color rojo oscuro.

Colisión intercontinental

Uno de estos hermosos lugares es La Montaña Arcoíris o Vinicunca, denominación indígena, que está ubicada a 170 km al sudoeste de Cusco, en Perú, tiene una altura de 5.200 metros sobre el nivel del mar y es parte de la Cordillera de Los Andes, la más larga del planeta, con 7.240 Km de longitud. Es de tipo perioceánico, donde la placa de Nazca se introduce debajo de la placa suramericana. Su origen se calcula entre los períodos terciario y cuaternario, hace unos 65 millones de años, pero, curiosamente, esta maravilla apenas fue descubierta hace poco más de cinco años, porque antes estaba cubierta de nieve que se fundió a causa del calentamiento global.

Placa de Nazca

¿Recuerdan que mencionamos arriba el origen de los colores?, pues he aquí la explicación: los colores de sus franjas se corresponden con la presencia de diferentes materiales en el suelo:

Rosado o fucsia: mezcla de arcilla roja, fangolitas y arena.

Blanco: arenisca (arena de cuarzo) y piedra caliza.

Morado o lavanda: mezcla de arcilla y carbonato de calcio y silicatos

Rojo: argilitas, arcillas y óxido de hierro

Verde: arcillas ricas en ferro magnesiano (mezcla de hierro y magnesio) y óxido de cobre.

Pardos, mostaza o dorado: limonitas, areniscas calcáreas ricas en minerales sulfurados (con presencia de azufre).

Hermoso, ¿verdad?

Parque Geológico Nacional Zanghye Danxia en China

Al otro lado del mundo, este fenómeno fue replicado en el Parque Geológico Danxia (nubes rosadas) en Zhangye, declarado Patrimonio de la Humanidad en el año 2009. Está ubicado a 1.800 km de la capital China, Beijing, en la provincia de Gansu, el noroeste del país. Abarca una superficie aproximada de 520 kilómetros cuadrados, en las montañas Qilian, de unos 55 millones de años de antigüedad.

Los sedimentos que dieron origen a su espectacular colorido se acumularon en el subsuelo durante 24 millones de años. Posteriormente, debido a la colisión entre las placas tectónicas Indo-Australiana y Euroasiática, estas placas se elevaron en el mismo proceso que originó el Himalaya, quedando expuesto este arcoíris de piedra.

Argentina también cuenta con el privilegio de tener su propia paleta de colores geológica en la Serranía del Hornocal de Jujuy, conocida como la Montaña de los 14 colores.

Serranía del Hornocal de Jujuy en Argentina