Relatos

Escribo relatos por diversión, son, además, una forma de entrenamiento, aunque he escrito tanto últimamente, que creo que tengo el músculo literario a tope. Espero que sea para bien.

Me pasa algo curioso con los relatos, y es que invariablemente tejo dos a la vez: es en las pausas del que está en curso cuando surge la idea del siguiente. Es lo que me ocurría antes con los libros, que solo leyendo dos a la vez los asimilaba en profundidad. Ahora, viéndolo en retrospectiva, pienso <menudo disparate, qué nivel de masoquismo tan enorme>, o quizás no, a lo mejor alcanzaba un nivel mayor de concentración por la dificultad añadida de tener que diferenciar cuál de los dos leía, debe haber alguna razón científica que se me escapa y que, la verdad, no me importa demasiado.

El caso es que en ocasiones siento que estoy atrapada entre palabras, que tamizo las sensaciones cotidianas en una fina malla de letras, que cada vez más siento la necesidad de escribir emociones y sensaciones y los relatos me dan la posibilidad de hacerlo, de plasmar imágenes y darles el movimiento necesario para que de ellas surja una historia. Es como si el todo discurriera en un carrete de celuloide eterno y que cada cuadro necesite un pie, un texto que lo explique. De allí sale el relato.

Foto de Jacqueline Kelly

¿Será que me estoy volviendo loca? Quizás, pero la verdad es que lo estoy disfrutando…y mucho ¿Es esta la vida del escritor? Si es así, estoy empezando a entender porque se dice que el oficio de escribir es bastante solitario, raro, ¿no?, ¿cómo puede ser solitario alguien si su obra depende de los demás? Debe ser que es imprescindible la soledad para que surjan las ideas/historias, pero solo cobrarán vida cuando las lea alguien más, entonces concluyo que no es solitario el oficio, tan solo lo son los momentos de inspiración, que no admiten distracciones, y no son solitarios, si acaso privados…y se trata de categorías diferentes.

Foto de S Migaj

Seguiremos con los relatos, entonces. En este momento tengo a Paola atrapada en una extraña rotonda en medio de una autopista y llegó M, quien pareciera flotar encapsulada dentro de una burbuja entre la gente que habita una ciudad divina. Veremos que será de sus vidas en las próximas entregas que aparecerán por aquí, en esta pequeña ventana por la que comparto mis accesos de locura con los pacientes y encantadores lectores que me acompañan en la aventura de escribir, y que son tan generosos que me regalan sus valiosos comentarios. No somos solitarios; nos necesitamos.

Foto de Adonyi Gu00e1bor. Recordatorio: dar los créditos siempre.

8 Comments

  1. Te envidio. No soy capaz de hacer dos cosas a la vez, ni escribir dos relatos a la vez, ni leer dos libros a la vez. Necesito acabar para no mezclar ideas. De hecho, un aspecto recurrente es que a veces mis lecturas saltan a la escritura y al releer observo que, mágicamente, mis personajes están emparentados con los del libro que leía.

    Un gusto encontrar este lugar. Seguiremos atentos a los siguientes pasos de Paola. Un abrazo, compañera. Adelante!

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  2. Por casualidad, curioseando entre estas páginas, he tenido la suerte de tropezarme con tus palabras. Aunque siempre me ha gustado escribir, parece que últimamente no puedo dejar de hacerlo. Me ha inquietado, cuanto menos, cuando nos comentas que un autor necesita de un espacio solitario e inspirador para crear sus historias. A mí me pasa lo contrario, me da por escribir en los sitios más inverosímiles y en las situaciones más extrañas (he llegado a escribir hasta en el gimnasio). Supongo que cada uno tiene su método. Solo decir que me ha encantado encontrarte y que seguiré con atención esas historias. Un saludo.

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    1. Borja, gracias por pasar, por leer y especialmente por comentar. A lo que me refiero en mi artículo es precisamente a que hay muchos clichés en cuanto al oficio de escribir -la silla ergonómica, el lugar íntimo, la buena iluminación- pero en todos estos recetarios dejan de lado las cosas que realmente importan, como, en mi opinión, la necesidad que tiene el escritor de equivocarse o, más bien, de tomarse la licencia de hacerlo.
      Cada quien desarrollará su método -hora, lugar, duración-, lo importante es que no dejes de escribir, no permitas que se te escapen las ideas, lleva un cuaderno contigo y atrápalas a la brevedad posible, porque la memoria es un cruel agujero negro y cuando caen en él no las recuperarás jamás.

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