No voy a hablar del covid

Un reencuentro en primavera en Madrid

No, no voy a hablar del covid, de lo que sí quiero hablar es de sus efectos, nefastos para las relaciones humanas, porque las despoja de su calidez. Cuando esta pesadilla del covid empezó, yo estaba preparando un portafolio con los artículos científicos que había escrito hasta entonces, como tarjeta de presentación para clientes potenciales. Ansío vivir de escribir y la idea de vender artículos de divulgación me atrae…y mucho. En ese momento me dije: no escribiré sobre el virus, porque miles de personas lo van a hacer, gente conocida por los medios y a mí aquí no me conoce nadie, entonces, ¿cómo destacar en ese campo?, ¿qué de nuevo puedo aportar yo? Era una pérdida de tiempo.

Continué investigando y escribiendo sobre el medio ambiente y así vio la luz mi pequeño Frankenstein https://mibitacoradigitalirenedesantos.com/2020/11/06/example-post-3/, entre otros. Esta pesadilla llegaría un día a su fin y para entonces yo tendría algo diferente que ofrecer, mientras la mayoría de los escritores se había enfocado en el tema de moda. (¡ja!, bien por mí).

Había llegado en julio de 2019 y andaba por la vida feliz, ensimismada contemplando y disfrutando la cotidianidad española, como un niño que llega a un lugar y, desde su perspectiva, lo percibe como algo enorme, fantástico. Quizás el contraste de ver gente alegre, animada por algo tan simple como sentarse en una terraza con una caña, una tapa y una sonrisa, en contraposición con las miradas veladas muchas veces por la tristeza, otras por la ira, la desconfianza, el odio y las limitaciones impuestas que había dejado atrás, me hacían magnificar ese día a día español, tan intrínsecamente relacionado a su idiosincrasia.

Una terraza con una tapa, una caña y una sonrisa

La calidez, el abrazo fraterno de esta bella ciudad y de la familia que me acogió como a una más me devolvió la perspectiva de la realidad. La niña creció y vio al mundo en sus proporciones justas y reales, lo maravilloso se volvió cotidiano. Disfruté el verano eterno de Santa Cruz y a la familia de Madrid la postergué para la primavera.

Vista satelital de las Islas Canarias.

Acostumbrada a latitudes más cálidas, cometí la torpeza de no ir a verlos enseguida, idealicé un reencuentro en primavera, ¿puede haber un momento mejor para un reencuentro que la primavera? No lo creo. Debí visitarlos justo después de terminar los trámites burocráticos que encauzarían mi segunda vida, esta que estoy viviendo ahora en España. Debí abrazarlos mientras era posible. Y entre aplazamientos ocurrió: llegó la pandemia y perdimos nuestro bien más preciado, la libertad.

Ahora Madrid es más pequeña, falta uno, alguien a quien no veía desde hace tiempo. Nos quedamos con las ganas de vernos, de compartir una velada, de intercambiar confidencias. Extrañaré su abrazo, los consejos que no llegó a darme, su expresión al conocer a mis hijos. Quiero ir a Madrid, pero la ilusión ya no es la misma, me pesa su audiencia, me abruma. Me supera.

Justo cuando había logrado dominar el arte de los dos besos sin hacer cabriolas contorsionistas (nosotros damos solo uno), apreciar la calidez de los abrazos familiares, sentir un corrientazo de esperanza en un apretón de manos, llegó esta pandemia y nos quitó eso, la calidez de las relaciones humanas. Qué incómodo es no poder besar a alguien al saludar, no poder darle un abrazo. Las miradas congeladas sin saber qué hacer, esquivas, tristes. Eso es lo que nos ha dejado el covid, la cotidianidad destrozada, la idiosincrasia herida, la pérdida de todo lo que dábamos por sentado. Una vida incómoda.

Decidí no dejarme vencer, no postergar mis objetivos y me lancé a la vida Online. Participé en un seminario sobre novela negra, buscando orientación profesional para mi próxima novela, del cual obtuve muy buena información, el panel fue de lujo, a través de la frialdad de mi monitor. Hice un curso de WordPress, que todavía me da bastantes dolores de cabeza, abrí este sitio, me dediqué a nutrirlo de contenido y me empezaron a pasar cosas buenas: recibí la visita de blogueros increíbles, gente excepcional: escritores, poetas en todos los idiomas, mi querida Filipa, de malinha pronta, Marc Mellado, el joven poeta que está a punto de lanzar su poemario, PAQUERITE, fotógrafos, amigos virtuales que me han acompañado desde entonces. Mi primer seguidor fue riol.angel con su ADICCION INNECESARIA. Todavía no sé cómo ocurrió el milagro…y tampoco quiero desvelar la magia del ciberespacio.

Gracias a todos por leerme y por compartir tan generosamente sus creaciones con el mundo, y particularmente conmigo. Me he nutrido de ellas, he estado menos sola. Espero que cuando recuperemos la libertad nuestros caminos se crucen y podamos abrazarnos.

No posterguen un abrazo. Nunca.

A la memoria de Pedro Vázquez, 
mi querido tío Pedro.
Descansa en paz.

Primavera

Todavía hace algo de frío, pero las flores anuncian que su arribo es inminente. Almendros y cerezos en flor vaticinan que el renacer de vida está a la vuelta de la esquina, pero en otros lugares esta sensación es eterna. La belleza, el verde, las flores nos asaltan, brindando belleza que acaricia los sentidos y enternece el alma.

Orquídea

Este es uno de mis pasatiempos, o más bien era, cultivar orquídeas. Es una distracción fantástica que logra reunir a los amantes de estas preciosas flores, siempre; las amistades germinan, se entrelazan y florecen en torno a su cuidado. Empiezan los intercambios de brotes, las sesiones conjuntas de trasplantes, el análisis comparativo de métodos, el contrabando de raíces de helecho para fijarlas, porque estas exuberantes flores no se pueden sembrar de la manera tradicional. Viven sujetas a una base, puede ser un tronco, pero de preferencia un medio fibroso al cual puedan adherirse. Tienen necesidades específicas de sol, sombra, riego y, sobre todo, de un soporte que sea de su agrado, el cual abrazarán con sus raíces tiernas y verdes.

Phalaenopsis: pensé que este pasatiempo había quedado atrás, pero creo que me persiguen. A esta belleza me la encontré tirada, medio muerta en una maceta con la tierra muy apretada y, nada, tuve que recogerla, no podía dejarla abandonada, ¿verdad?

Crecí rodeada de ellas y de otras muchas variedades. Me enseñaron todo sobre su cultivo mis parientes paternos, portugueses para más señas. Para ellos el cuidado de todo lo que sea verde (flores, cactus, hierbas aromáticas, especies frutales, etc) es cultura general. Fueron horas de admirar su destreza, su paciencia, su dedicación, su arte.

Para mí son infancia, son familia, son recuerdos.

Eutanasia, un debate cargado de grises

La aprobación de la Ley de la eutanasia en España es solo el primer paso de un camino incierto que hay que emprender con pies de plomo.

La eutanasia es un tema del que se desprenden muchas preguntas y demasiadas respuestas. Ante cada planteamiento surgen argumentos que, a favor o en contra, comportan en sí mismos algo de razón, pero que no hacen otra cosa que alejar a la sociedad del consenso. Es imposible abarcar todos los aspectos que se desprenden de la eutanasia en un solo artículo, razón por la cual nos limitaremos a tan solo tres de ellos, como lo son el riesgo de la banalización de la muerte, que llevaría implícita la de la vida misma, la empatía y la conveniencia de otorgar a alguien el poder sobre la vida de otros.

Es un fenómeno conocido que las sociedades inmersas en la violencia se acostumbran a convivir con la muerte como un elemento más de su cotidianidad. Viví en una de ellas, y recuerdo los reportes televisados del parte de guerra del fin de semana que transmitían los lunes en la mañana. La narradora daba primero la cifra global y luego la desglosaba por estados, pero no hablaba de víctimas, sino de casos por resolver, compartía con el público las estadísticas de su trabajo como lo que para ella significaban: los datos de un día más en la oficina. Estas muertes lamentables producto de la violencia eran despojadas de su carácter aciago. Las viudas, los huérfanos, los menores de edad que pierden la vida de forma violenta y el horror que produce la crueldad sin sentido que reviste algunos crímenes, con el tiempo dejan de sobrecoger a sus pares; los fallecidos dejan de ser personas y se convierten en expedientes archivados en carpetas numeradas con códigos que permiten ubicarlas en medio de cementerios de papel.

No es mi intención comparar a la eutanasia con el homicidio, distan mucho la una del otro, pero en ambos casos la muerte pierde la excepcionalidad que caracteriza la desaparición de cada vida, única, valiosa e irrepetible y la costumbre la convierte en un hecho cotidiano. Esta es una posibilidad con la regularización de la eutanasia, la banalización de la muerte, que conduce a la de la vida, lo que a su vez podría llevar, por ejemplo, al replanteamiento de prioridades en cuanto a la orientación o el manejo de recursos de diferente índole, tales como, la investigación o el gasto público ¿Se vería afectada la investigación para hallar la cura de enfermedades como el Alzheimer y el cáncer? Es posible. Por un lado, la sobrepoblación es un hecho evidente y, por el otro, y en aras de la optimización de los recursos disponibles en la sanidad pública, no faltará quien considere conveniente invertir el dinero destinado al estudio de este tipo de dolencias en otras áreas. Las mejores intenciones se ven machacadas no pocas veces por los recursos disponibles; con demasiada frecuencia estos últimos moldean la toma de decisiones y las prioridades en cuanto al uso de los recursos humanos, materiales y financieros existentes.

Cabe igualmente preguntarse qué papel juega la legislación en este debate. La OMS define la eutanasia como la “acción del médico que provoca deliberadamente la muerte del paciente”, así, sin cortapisas ni ulteriores consideraciones sobre solicitudes, casos especiales, patologías incurables, juntas médicas, derechos humanos o deferencias éticas. Por este medio se otorga a un ente la facultad de poner fin a la vida del solicitante bajo el amparo de la ley. A partir de aquí se decantan los grupos en pro y en contra, ninguno de ellos tiene en su mano la verdad absoluta y cada argumento encuentra a su vez argumentos a favor y en contra. Posiciones como “es un acto de misericordia” se estrellan contra posturas religiosas del tenor de “sólo Dios da la vida y sólo Él puede quitarla” o médicas, dado que la eutanasia va contra el principio hipocrático de Primum non nocere, es decir, “ante todo, no hacer daño”, y es que en esta discusión confluyen las diferentes ramas del ser y el saber: el Derecho, la Medicina, la Política, la Religión y la Ética.

Aparecerán los objetores de conciencia con todo su derecho a oponerse a practicar la eutanasia; serán ellos, quienes, en definitiva, tendrán que llevar esa pesada carga sobre sus hombros, quienes se verán obligados a vivir con ello, serán sus principios los vulnerados. En la Edad Media los verdugos ocultaban su cara tras una máscara para proteger su identidad, a pesar de que actuaban en nombre de la ley, haciendo justicia al ejecutar una sentencia de muerte. Hoy en día son tres quienes oprimen el botón cuando se somete a un reo a la ejecución en la silla eléctrica y en el caso de la muerte por inyección letal ocurre lo mismo, ninguno de los verdugos sabe cuál de las jeringas es la portadora de la sustancia mortal. Entonces, ¿se puede obligar a alguien a poner fin a la existencia de otro abierta y directamente?

La empatía también tiene tribuna en esta discusión, solidarizarse con el dolor que sufre un enfermo terminal es inherente a la condición humana. Querer evitar que su sufrimiento continúe es considerado un acto de humanidad, pero poner sobre los hombros de un tercero la carga de acabar con una vida no es menos duro. Algunos médicos estarán de acuerdo, otros no y podríamos abrir un poco más el espectro de casos puntuales hasta llegar a aquellas personas que viven gracias a una máquina, ¿por qué se impide su muerte?, ¿por qué no desconectarlas y dejar que la vida siga su curso? Porque el deseo de preservar la vida está intrínsecamente relacionado con la esencia del ser humano y con el más básico y primitivo de los instintos de toda especie: el de supervivencia.

Hay quienes consideran que la eutanasia representa una derrota para la sociedad, un rendirse antes de tiempo, aduciendo que si un enfermo no se viera a sí mismo como una carga y gozara del debido acompañamiento y atención no solicitaría la eutanasia y proponen, en su lugar, el desarrollo de la Medicina Paliativa. La Asociación Catalana de Estudios Bioéticos (ACEB) plantea, en un documento titulado “¿Qué es la eutanasia?”, una vía alterna para asistir a enfermos terminales sumidos en el sufrimiento y presentan la sedación terminal como una herramienta ética. http://bioetica.cat/razones-para-el-no-a-la-eutanasia/

La legalización de la eutanasia es apenas el primer paso de un largo camino en el cambio de paradigmas éticos que la sociedad española empezará a recorrer con su aprobación. Se definirán estrategias y protocolos muy claros y específicos cuando se implemente la ley, que podrían evolucionar o diluirse en la medida en que la muerte se banalice, se haga rutinaria. Quizás con el tiempo se amplíe el espectro de casos aceptables o se minimice la importancia de contar con la solicitud o el consentimiento expreso del paciente. Es posible, ya ha ocurrido. No intento predecir el futuro, el párrafo anterior, lejos de especular, hace referencia al presente y pasado recientes de los resultados de la legalización de la eutanasia en países como Holanda, donde un médico permitió someterse a la eutanasia a una de sus pacientes, una mujer de 50 años quien, aunque gozaba de una buena condición física, sufría un cuadro depresivo severo, según el informe Remmelink. Además, en este país está al alcance de menores de edad, con el consentimiento de sus padres…hasta que ese consentimiento deje de ser un requisito.

No hay posiciones absolutas, nada es blanco y negro, es una discusión cargada de grises. Nunca se alcanzará el consenso.       

       

Querido lector, si ha llegado hasta aquí le invito a la sección “Reseña de productos”, donde encontrará la reseña de mi última novela, titulada “La máscara del verdugo”.     

Vacunas

Vacunas, ¿qué sabemos de ellas?

1) Fiebre, tos, dolor de garganta, ojos inflamados e irritación en la piel, acompañada de una picazón terrible y enrojecimiento.

2) Fiebre, escalofríos, malestar general, dolor de garganta que aumenta al tragar por la aparición de unas membranas grisáceas en esta. Tos, ronquera, dificultad para respirar.

3) Fiebre, dolor de garganta y de cabeza, vómitos, fatiga, dolor en la espalda, brazos y piernas, debilidad muscular… ¡y parálisis para el resto de la vida!

Imaginar a un niño en cama, impedido de ir al colegio, de salir a jugar, o peor aún, en peligro de muerte, agobiado por las dolencias descritas arriba, que no son otra cosa que los síntomas del sarampión, la difteria y la poliomielitis, en ese orden, es terrible.

Afortunadamente, no tiene que ser así. Esa es una realidad que está a nuestro alcance cambiar con la simple aplicación de una vacuna. No es necesario que los niños sufran, pierdan la movilidad o incluso mueran; las vacunas pueden evitar todas estas calamidades.

Edward Jenner

Las vacunas son preparaciones sintetizadas a partir de toxinas, virus muertos o debilitados, que se administran a una persona con la finalidad de que su organismo desarrolle defensas naturales contra determinada enfermedad. Estimulan al sistema inmunológico para que genere los anticuerpos necesarios para combatir las amenazas y, por otra parte, guarde un registro de estas, lo que le permitirá reconocerlas y eliminarlas más adelante, haciéndolo inmune.

Evitan tres millones de muertes al año, tantas como 60 por hora, una por minuto, y son, después de la potabilización del agua, las estrategias de prevención que más han beneficiado a la humanidad.

El nombre vacuna proviene de vaca y hace referencia a la viruela de la vaca o variolae vaccinae. Llega hasta nuestros días arrastrando las trazas de una batalla bastante particular, la que libró el médico inglés Edward Jenner en el año 1796 contra la viruela, enfermedad mortal responsable del fallecimiento de 300 millones de personas. En el proceso de lucha contra la viruela se desarrollaron las vacunas y fue la primera enfermedad en ser completamente erradicada mediante la vacunación.

El doctor Jenner notó que las mujeres que recolectaban leche con frecuencia contraían la viruela bovina, o viruela de la vaca, una variante bastante leve de la viruela humana y que después de haberla padecido, no sufrían la variedad humana; quedaban inmunizadas. Jenner tomó el virus de la mano de una granjera enferma, Sarah Nelmes, y se lo inyectó a un niño de ocho años, llamado James Phillips, quien se contagió de este mal. Esperó 48 días y entonces inyectó al niño con la variante humana de la enfermedad. Pero el niño no enfermó. Era inmune. Desarrolló esa protección contra la viruela gracias a la vacuna que le procuró el doctor Jenner. Más tarde, el científico Louis Pasteur propuso que el término se extendiera para designar al proceso de inmunización en general.

Desde entonces, se ha desarrollado una gran cantidad de vacunas contra un número igual de enfermedades. Hay vacunas contra enfermedades infantiles, tales como: cólera, tifus, poliomielitis, difteria, tos ferina, tétanos, sarampión, hepatitis, meningitis, rubeola, parotiditis (paperas) y así, sino hasta el infinito, al menos hasta ocupar los 1800 caracteres que no debe sobrepasar este artículo. También es importante mencionar en este momento las promesas de vacunas cuya aparición en el mercado es inminente, tales como la vacuna contra el alzhéimer, el mal de Parkinson, una vacuna universal contra la gripe, contra la diabetes, el cáncer, meningitis y en el futuro la lista podría extenderse hasta abarcar todas y cada una de las enfermedades existentes.

Entonces, si estamos en capacidad de prevenir enfermedades potencialmente mortales o que puedan dejar secuelas físicas de por vida a quien las padezca, ¿por qué no se han erradicado todas aquellas para las cuales existen vacunas, como ocurrió con la viruela?

José Vicente Tuells Hernández

Según el doctor José Vicente Tuells  Hernández, profesor e investigador de la Universidad de Alicante y especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública, el comportamiento de la sociedad en lo concerniente a las vacunas es cíclico y existen estudios que explican la secuencia de hechos asociados a los procesos de vacunación. Primero, se incrementa la cobertura de los programas de vacunación. Como consecuencia de estas acciones, las cifras de morbilidad disminuyen. Segundo, se pierde el temor a la enfermedad, se considera que las vacunas son innecesarias y la gente deja de vacunarse. Y tercero, ante el repunte de los brotes de enfermedades, la confianza en las vacunas regresa.

Por otra parte, este círculo vicioso se ha visto reforzado por campañas de información maliciosa que causan pánico entre los padres. A través de ellas se han difundido ideas que espantan a progenitores desinformados que, a pesar de querer sólo lo mejor para sus hijos, logran lo contrario al negarse a protegerlos de enfermedades mediante la vacunación.

En el año 1998 el médico británico Andrew Wakefield publicó en la prestigiosa revista The Lancet un estudio donde afirmaba que la vacuna triple (rubéola, varicela y sarampión) provoca autismo y, por increíble que parezca, hoy, dos décadas después, aún hay quien se hace eco de semejante barbaridad, a pesar de que una investigación demostró que las investigaciones de Wakefield carecían de rigor científico, habían falseado datos e incluso él se retractó públicamente en la misma revista y el Consejo General de Médicos del Reino Unido le retiró la licencia. Como consecuencia, tras la publicación del artículo se desató el pánico, las cifras de vacunación disminuyeron y las del sarampión se dispararon.

Este es el bulo más documentado, pero existen otros. Entre los más difundidos encontramos la falsa creencia de que si una enfermedad ha sido controlada y es menos frecuente no es necesario vacunarse, cosa totalmente falsa, porque, de hacer esto, repuntaría. También se ha planteado que es mejor vacunar a los niños cuando sean mayores, pero en ese caso la vacunación sería menos eficaz, porque el objetivo de la vacunación temprana es protegerlos cuando son más vulnerables. Otro mito sostiene que las vacunas tienen efectos secundarios peligrosos que no son revelados al público, lo cual no es cierto, puesto que las reacciones son leves, temporales y localizadas, salvo en casos extremadamente raros. Se dice que sobrecargan y agotan el sistema inmunológico de los niños, esto es falso y existen estudios que demuestran que las vacunas combinadas no debilitan el sistema inmunológico. Se ha intentado relacionar las alergias, la diabetes y el asma con las vacunas. Falso, de nuevo.

Viruela

Los creadores y replicadores de estos bulos se agrupan bajo el estandarte de movimientos antivacunas. Son colectivos cuya presencia ha aumentado en países desarrollados, tales como Estados Unidos, Francia, el Reino Unido, Alemania e Italia. Sus acciones han logrado sabotear las campañas de vacunación, mediante el terror que han inducido en los padres, con el consecuente aumento de casos de enfermedades que estaban prácticamente erradicadas, como el sarampión, la cual se ha cuadruplicado en el mundo. Hasta el 2016 venía en declive, pero desde entonces ha experimentado un repunte bastante peligroso, motivado en los países ricos por la desconfianza generada maliciosamente por los movimientos antivacunas y en los países pobres por la imposibilidad de acceso al tratamiento. En Europa el incremento de los casos de sarampión es de 300%, con respecto a años anteriores.

Consecuencias de la poliomielitis

Poliomelitis

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha alertado sobre las nefastas consecuencias de apartarse de los cronogramas de vacunación y de los graves problemas de salud pública que podrían surgir en consecuencia. Según la entidad, y cito, “Hasta la fecha, en 2019, 170 países han informado de 112.163 casos de sarampión a la OMS. El año pasado en el mismo período, se habían contabilizado 28.124 enfermos en 163 países. Esto representa un aumento de casi el 400% a escala mundial. “Aunque estos datos son provisionales (…), indican una tendencia. Numerosos países son víctimas de importantes picos de sarampión, y todas las regiones del mundo sufren un aumento sostenido del número de casos”.

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Fuente: OMS

Pero donde el tema de los antivacunas ha adquirido rasgos surrealistas es en India, uno de los mayores productores y exportadores de vacunas del mundo, donde, paradójicamente, habita una tercera parte del total mundial de la población infantil no vacunada. Según cifras suministradas por Forbes, el 44% de los niños no recibe una vacunación completa, lo que se traduce anualmente en la muerte a un millón de menores de 5 años.  Unicef puntualiza que casi 3 millones de niños en este país no han recibido ni siquiera la primera dosis de la vacuna contra el sarampión, lo que le prodiga el dudoso honor de ser el segundo país con menor número de niños inmunizados y donde nace anualmente el mayor número de bebés con deformidades producidas por la rubeola que padecieron sus madres durante el período de gestación.

El programa de vacunación de India debe abarcar cifras tan enormes como su geografía, las cuales incluyen 440 millones de menores, el más amplio del mundo, y el gobierno no solo tiene en su contra los problemas de infraestructura, los cuales hacen realmente cuesta arriba interconectar las diferentes regiones que conforman el país de dimensiones enormes, sino que además enfrentan un obstáculo aún mayor que su vasta geografía: deben luchar contra la circulación de noticias falsas sobre efectos negativos de las vacunas. Para muestra un botón: en Bombay, capital financiera del país, una campaña de desinformación sobre los posibles peligros de las vacunas difundida por wasap logró que se impidieran las jornadas de vacunación en decenas de colegios.

Afortunadamente, los gobiernos de los países desarrollados han comenzado a tomar acciones destinadas a enfrentar las políticas de los antivacunas y retomar los programas de vacunación. En Estados Unidos, concretamente en California, no se permitirá a ningún niño iniciar el año escolar si no está vacunado y en Europa se están reforzando las leyes de vacunación. En Italia ahora es obligatorio vacunar a los niños entre los 0 y los 6 años, so pena de sanciones a los padres que incumplan esta ley. En Alemania, donde han sufrido desde 2015 importantes brotes de sarampión, a pesar de ser voluntaria la inmunización de menores, es obligatorio demostrar que se ha recibido información sobre los planes de vacunación, para inscribir a los niños en las guarderías.

Pero, a pesar de todo, hay esperanza, y es que los milagros ocurren donde menos se espera. Ruanda perdió al menos 800.000 habitantes en el genocidio de 1994 y la destrucción generalizada que este trajo consigo lo colocó entre los primeros lugares de los países más pobres del mundo. Además, según la OMS el alcance de las vacunas infantiles recomendadas por esta organización cayó a niveles inferiores al 25%.

Quizás tan penosas experiencias les hicieron valorar la vida de una forma diferente, pero lo cierto del caso es que 20 años después el 95% de los niños ruandeses reciben todas las vacunas recomendadas, entre las cuales se encuentran las del polio, el sarampión y la rubeola y su esperanza de vida se ha duplicado.

Si esto parece extraordinario, más aún es el hecho de que Ruanda podría ser declarado en breve el primer país del mundo libre de cáncer de cuello uterino. Cuando en 2006 estuvo disponible la primera vacuna contra el VPH, dos sentimientos encontrados se apoderaron de la sociedad: el entusiasmo por la posibilidad cierta de reducir la cantidad de mujeres afectadas por este mal por un lado y, por otra parte, la intuición de que la misma no estaría al alcance de todas las niñas al mismo tiempo. Se estimaba una diferencia de una década entre la introducción de la vacuna en los países de altos ingresos y los pobres.

Sin embargo, aun cuando países desarrollados como Francia y Estados Unidos sólo han alcanzado niveles medios de vacunación, en Ruanda, gracias a un exhaustivo programa de vacunación contra el VPH emprendido por el gobierno, el 93% de las niñas reciben la vacuna contra esta enfermedad.

No es necesario que los niños sufran. No tienen que padecer los suplicios y las secuelas de las enfermedades para las cuales existen vacunas y las carencias económicas no son un impedimento a la hora de tener acceso a programas de vacunación amplios, de los cuales se beneficie la población más vulnerable. Ruanda es prueba de ello.

En 2017 pudieron evitarse las muertes de un millón y medio de niños, causadas por enfermedades contra las cuales existen vacunas. No era necesario que fallecieran.

Contrariamente a lo que se piensa, la vacunación no es una cuestión personal, que sólo afecta a quien recibe o no la vacuna, es un problema de todos, porque afecta la salud de todos. La inmunización beneficia indirectamente a aquellas personas que no pueden vacunarse, como los ancianos, los niños trasplantados, inmunodeprimidos o los pacientes oncológicos.

Inmunidad colectiva, la llaman. Sinónimo de solidaridad.

Avengers Endgame

Una tarde de cine un día domingo es algo sencillamente delicioso.

Comprar las entradas, las chucherías, acomodarse en la butaca haciendo grandes esfuerzos para no volcar el envase de cartón de las cotufas (palomitas de maíz), colocar el vaso de refresco en el brazo de la butaca y dejarnos llevar por su magia.

Se apagan las luces y empieza el espacio publicitario destinado a sembrar en la mente de los espectadores necesidades, apetencias o incluso ideas. Quizás hasta nostalgias.

En un contexto similar vi Avengers Endgame. Me gustó, es un buen filme, aunque no considero que la mía sea una opinión confiable, dada mi fascinación por las películas épicas en general. Denme un Rob Roy, un William Wallace, al aguerrido Aragorn de Tolkien o a los valientes espartanos de 300 y seré feliz, a pesar de lo que digan los críticos del cine, mucho más versados en la materia que yo.

La trama comienza con un escenario desolador, en un planeta Tierra en ruinas, donde se han acabado las rutinas cotidianas, porque la mitad de la población ha desaparecido. Los habitantes restantes están inmersos en la melancolía, sin esperanzas, es como si no recordaran cuál es su propósito en la vida, o si tienen alguno. No hay trabajo, ni creación, ni tan siquiera realizan el mínimo mantenimiento a las estructuras semi abandonadas que se caen a pedazos de las ciudades que habitan. Lo peor es que a nadie le importa. El ser humano ha perdido su esencia.

La Humanidad llegó a esta calamitosa situación después de que Thanos, animado por el deseo supuestamente altruista de salvar al universo, eliminó a la mitad de los seres vivos, con la finalidad de que se pudieran abastecer con los recursos disponibles, los cuales no eran suficientes para satisfacer las necesidades básicas de una población que se había multiplicado sin control. Para hacerlo se sirvió de un guante con las seis Gemas del Infinito: poder, alma, espacio, mente, realidad y tiempo. Con un simple chasquido de sus dedos hizo desaparecer a la mitad de las criaturas que poblaban todos los planetas del universo. Las convirtió en polvo.

Me invadió la tristeza. Los paralelismos saltaron de la pantalla a la realidad, y es que en Venezuela, desde el poder central, hay como una especie de obsesión por diezmar a la población, por reducir al mínimo posible la cantidad de habitantes del país. Aquí ahora somos menos, muchos menos, y no hablo sólo de quienes huyeron, porque no se puede afirmar que emigraron, más bien escaparon para poder sobrevivir. Han atravesado medio continente, en muchos casos a pie, para llegar a destinos tan distantes como Perú, Ecuador, Chile y Argentina. Otros han muerto a manos del hampa, de la violencia desatada, cuyos protagonistas se parecen en mucho a las huestes de monstruos que acompañan a Thanos en sus sueños de dominación. También me refiero a las miles de personas que ya no están con nosotros porque murieron de mengua en centros de salud vacíos, sucios, sin luz ni agua, sin medicinas ni equipos, a los infantes que fallecen como consecuencia de la desnutrición todos los días y a aquellos que, aunque hayan logrado sobrevivir hasta ahora, experimentan daños irreversibles a la salud, que han deteriorado el desarrollo de sus cuerpos y mentes. A los niños que, según palabras del dictador, tendrán que morir para preservar la revolución y cuyo sacrificio será reconocido y serán llamados héroes de la patria. Muchos de quienes aún quedan llevan a cuestas sus caras tristes. Son personas que deambulan como zombis, buscando comida en bolsas de basura. Todo por el empecinamiento de imponer doctrinas añejas y fracasadas de dominación.

El que fuera uno de los países más ricos del mundo es hoy una escombrera, una ruina, donde nada funciona, que no puede proporcionar a sus habitantes los servicios básicos, tales como electricidad, agua potable, telefonía y ahora tampoco gasolina, ni gas doméstico, a pesar de ser un país petrolero. Hay ciudades que sufren suspensiones del servicio eléctrico durante doce horas diarias, todos los días y otras que no reciben suministro de agua desde hace años.

¿Cómo se puede llegar a semejante estado después de haber tenido el precio del petróleo sobre los cien dólares durante más de diez años? El equivalente a cien Planes Marshall desapareció de las arcas del tesoro nacional.

No tenían el guante de Thanos, pero no lo necesitaron…ni siquiera tuvieron que chasquear los dedos. Por la eficacia del método empleado, pareciera que hubieran tenido acceso a las seis Gemas del infinito: usaron el poder para quitarnos el alma, destruir nuestro espacio, alienarnos la mente y deformar la realidad, imponiéndose en el tiempo con artimañas despreciables.

Y lo peor es que también nos robaron la alegría, la esperanza, los sueños, el futuro.

Otra semejanza de la película con la realidad que vivimos en este país situado al norte de la América del sur fue el estado tan desmejorado de los súper héroes, en relación a la apariencia impecable que lucen en las anteriores cintas de la saga. Nos los presentan avejentados, sin brillo, fuera de forma y sin esperanza. Por aquí también nos vemos así. Nuestro aspecto actual es bastante ajado, andamos con los zapatos rotos, las camisas raídas, delgados y macilentos. En uno de los catorce millones de desenlaces posibles en la historia narrada en Avengers Endgame, visitados por el Doctor Strange en una entrega anterior, los súper héroes lograban derrotar a Thanos y triunfaban ¿Quién sabe?, a lo mejor logramos cambiar nuestro destino.

Volvamos al principio por un momento, al espacio publicitario previo al filme. En él promocionaban el concierto de una agrupación musical y es posible que este anuncio condicionara mi percepción de la historia que estaba a punto de ver. Me ha ocurrido antes, en metros y calles europeas.  El  tema elegido para la campaña era una versión de “Venezuela”, una de las canciones más hermosas jamás compuesta, no solo por la lírica, sino porque fue el tributo de dos españoles, Pablo Herrero Ibarz y José Luis Armenteros Sánchez, a un país que se les metió bajo la piel. Y con la última estrofa me despido del que fuera el mejor país del mundo, mi país.

Y si un día tengo que naufragar
y el tifón rompe mis velas
enterrad mi cuerpo cerca del mar
en Venezuela.

 El último que apague la luz.